viernes, 3 de noviembre de 2017

LOS DOCTRINARIOS DEL IMPERIO BRITANICO

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Para establecer las bases inmediatas del imperialismo británico, cuyo testigo pasaría con los avatares del siglo XX a sus antiguas colonias de Nueva Inglaterra, es ineludible referirse al papel desempeñado en el mismo por dos figuras de especial significación, John Ruskin y Cecil Rhodes, alrededor de las cuales se iba a tejer una tupida maraña de poderosas entidades en las que pueden detectarse las claves de algunos de los acontecimientos que han configurado el mundo actual.
John Ruskin nació en Londres el año 1819. Hijo de un acaudalado hombre de negocios, cursó estudios en el Christ Churc de Oxford, donde muy pronto se pondrían de relieve sus peculiares inclinaciones, en las que entremezclaban la pasíón por el arte, las inquietudes de tipo social y la expansión del Imperio Británico, al que Ruskin consideraba el vehículo más idóneo para llevar a cabo la labor mesiánica a que estaban destinadas las "élites" de su país.
Fue a través de su cátedra en la Universidad de Oxford como Ruskin inició una labor de proselitismo y adoctrinamiento que no tardó en depararle numerosos adeptos entre sus alumnos, todos ellos procedentes de las altas esferas sociales británicas. De ese vivero saldrían sus más íntimos colaboradores, como Arnold Toynbee, Henry Birchenough, George Parkin, Philipp Lyttelton y Alfred Milner. Este último personaje, que volveremos a encontrarnos más adelante, sería en 1915 uno de los cuatro integrantes del Gabinete de Guerra británico, organismo desde donde puso en práctica las enseñanzas de su maestro. De ahí que su condición de director de una potente institución financiera, el London Joint Stock Bank (hoy Midland Bank), no le impidiera utilizar su cargo político para brindar una eficaz  cobertura al tráfico de armamento realizado durante la revolución rusa por Basil Zaharoff, uno de los principales proveedores del bando bolchevique.
El ideario de Ruskin consistía en el hoy ya consagrado esquema del capitalismo oligárquico y "humanista", y se basaba en la acción conjunta de una élite de tecnócratas y académicos sostenidos y auspiciados por los poderes financieros. Lógicamente, tales planteamientos suscitaron muy pronto el interés de las altas esferas económicas, que no tardaron en promover su divulgación al otro lado del atlántico. Esa labor corrió a cargo de dos simpatizantes norteamericanos de la doctrina ruskiniana,Walter Vrooman y Charles Beard, quienes, tras entrevistarse con el maestro, fundaron en Estados Unidos el Ruskin College, contando para ello con el soporte financiero y el apoyo social del duque de Norfolk, miembro de la Gran Logia Unida de Inglaterra, de lord Ripon, virrey de la India y maestre de la citada logia, de lord Rosebery, nieto del barón de Rothschild, y del duque de Fife, militante igualmente del Gran Oriente inglés.
El otro gran embajador de la filantropía británica, Cecil Rhodes, nació en 1853, y fue el tercer vástago de la numerosa prole del pastor protestante Francis Rhodes. Su trayectoria ascendente comenzaría poco después de trasladarse a Africa, donde su hermano Herbert administraba una plantación algodonera ubicada en el territorio de Natal. Tras una breve estancia en la plantación, Cecil se dirigió a los campos diamantíferos sudafricanos, montando allí una empresa de extracción en sociedad con un tal Charles Rudd. La buena marcha del negocio le permitió regresar a la metrópoli y graduarse en Oxford, donde entró en contacto con el que habría de convertirse en su mentor ideológico, John Ruskin. El promotor del encuentro entre ambos personajes fue W.Stead, director de una publicación sensacionalista llamada Pall Mall Gacette, que se dedicaba a promover el ideario progresista sobre la base, eso sí, de un proyecto de alcance mundial dirigido por la civilización angloparlante.
Acto seguido, Cecil Rhodes se asoció con otros dos empresarios del negocio diamantífero, Alfred Beit y Barney Barnato, con los que creó una vasta red industrial y comercial que muy pronto se hizo con el control mundial de la producción y venta de diamantes, monopolio que posteriormente pasaría a manos de dos ilustres firmas de la plutocracia internacional, los Rothschild y los Oppenheimer, que a través de la sociedad De Beers Consolidatd Mines Ltd. controlan en la actualidad el 85% del mercado mundial de diamantes.  
Los éxitos económicos de Cecil Rhodes corrieron parejos al importantante papel que desempeñó durante el conflicto anglo-boer, desencadenado por los poderes financieros británicos, y muy especialmente por la casa Rothschild, para hacerse con el control de las inmensas riquezas del territorio sudafricano. Y es que, como muy bien señalara el rabino y escritor Marcus Eli Ravage, excelente conocedor de los entresijos político-económicos de aquella época, el poder oculto de Cecil Rhodes no era otro que el dinero de los Rothschild. 
La concepción ideológica y los pilares doctrinales de nuestro protagonista no eran sino una perfecta prolongación de las tesis de su maestro Ruskin. En lo esencial, se trataba de los mismos planteamientos que han venido reiterándose a todo lo largo del presente siglo por los promotores y teóricos del Gobierno Mundial. El ideario de Rhodes aparece perfilado con diáfana nitidez en varias de las cartas que dirigiera a unos de sus más íntimos confidentes, el ya mencionado W.T. Stead. Una correspondencia en la que pueden leerse frases como éstas:
"Sostengo que somos la primera raza del mundo y que cuanto mayor porción del mismo sea habitado por nosostros, tanto más se beneficiará la humanidad. Imponer nuestro gobierno significará terminar con las guerras";
"Anhelo la unión con América y la paz universal, que supongo podrá ser una realidad dentro de cien años. He pensado, además, en la fundación de una sociedad secreta organizada como la compañía de Loyola y sustentada por la riqueza creciente de aquellos que aspiren a hacer algo".  Bien es cierto que tan conmovedoras inquietudes pacifistas y humanitarias de proyección mundial no incluían entre sus objetivos el poner término a la explotación y a las condiciones infrahumanas en que vivían los trabajadores de las minas sudafricanas controladas por el filántropo británico. Pero comparado con sus elevados planes aquello no pasaba de ser una anécdota insignificante.
El exponente más visible, aunque ni mucho menos el único, de la labor proselitista de Rhodes habrían de ser la Fundación y las Becas Cecil Rhodes, con cuyos fondos han completado su formación innumerables peones de lujo de la plutocracia internacional.
La influencia de estos dos personajes, John Ruskin y Cecil Rhodes, se materializó a lo largo de su época en una serie de entidades surgidas al amparo de su inspiración ideológica y sostenidas por las altas esferas económicas y oligárquicas, como veremos seguidamente.Más tarde, con el declive del Imperio Británico, sus cánones y procedimientos pasarían al otro lado del Atlántico, como también veremos más adelante.
Entre esas instituciones aludidas en primer lugar merecen destacarse dos: la Pilgrims Society y la Round Table. La Pilgrims Society fue presentada oficialmente el 24 de julio de 1902. Su nombre, como será fácil deducir, se adoptó en memoria de los puritanos ingleses que desembarcaron en la costa de Massachussets y fundaron la colonia de New Plymouth en septiembre de 1620. Los promotores de esta sociedad fueron varios miembros del Rhodes Trust, entre los que figuraban Harry Britain, Joseph Wheeler, C. Roll, patrón de la firma Rolls-Royce, y Lindsay Russell. La presidencia de la entidad recayó en lord Roberts, célebre por las matanzas y estragos que perpetrara como plenipotenciario del gobierno británico durante la guerra anglo-boer.
Unos meses más tarde, el 13 de enero de 1903, nacía la rama americana de la Pilgrims Society por iniciativa del anteriormente citado Lindsay Russell, que en 1921 se convertiría en el primer presidente del Council on Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores), un organismo privado de corte oligárquico del que han salido los más altos cargos de la Administración norteamericana desde su creación hasta hoy. Debe precisarse que, con anterioridad a la fundación en los Estados Unidos de la Pilgrims Society, ya existía en aquel país la Sociedad de Descendientes del Mayflower, un influyente club que agrupa a la cerrada oligarquía protestante cuyo árbol genealógico se remonta a los puritanos pilgrims. Son las mismas familias que, junto con ciertos clanes de la alta finanza, nos encontraremos más adelante cuando salga a relucir una hermética y poderosa sociedad estadounidense denominada The Order.
Por lo que se refiere a la Round Table, fue fundada en 1909 por lord Milner. A pesar de su carácter cerrado y elitista, este restringido club no era en realidad sino el círculo más visible o exterior de la sociedad secreta Table Mountain, creada en 1891 por Cecil Rhodes y su íntimo colaborador, W.T.Stead, e integrada por un reducido grupo de iniciados entre los que figuraban el citado lord Milner, lord Grey, lord Rotschild, lord Esher, sir Harry Johnston y lord Balfour. Este último sería algún tiempo después Primer Ministro británico (1902-1905) y, posteriormente, ministro de Asuntos Exteriores en el gabinete de LLoyd George (1916-1919).
Para costear los cuantiosos gastos derivados de los proyectos y actividades de la Round Table, lord Milner, que ostentaba simultáneamente el cargo de Gran Vigilante de la Gran Logia Unida de Inglaterra, contó con las aportaciones económicas de dos acaudalados industriales mineros, sir Abe Bayley y Alfred Beit, ex-socios de Cecil Rhodes en el negocio diamantífero sudafricano. Desde la Round Table y la fundación Rhodes, lord Milner influyó decisivamente en las directrices políticas del gabinete presidido por LLoyd George, cuyos asesores fueron todos ellos miembros de dicha sociedad. Como muestra de lo apuntado bastará citar la célebre Declaración Balfour, así como las ayudas brindadas por el Gobierno de Lloyd George a los dirigentes bolcheviques, ya comentadas líneas atrás.
Uno de los objetivos primordiales de la Round Table desde su creación fue extender su radio de acción al resto de los territorios de habla inglesa, cosa que no tardó en conseguir. Al punto que en 1915 contaba ya con delegaciones en seis países, además de la sede inglesa (Estados Unidos, Canadá, Sudáfrica, la India, Australia y Nueva Zelanda). La actividad de los diversos grupos se mantuvo en todo momento coordinada a través de las reuniones periódicas de sus miembros y por medio de un boletín informativo muy completo.
Finalizada la Iª Guerra Mundial, la Round Table entraría en una fase de gran expansión, entre otras razones merced al extraordinario incremento de las aportaciones económicas que comenzaron a lloverle desde un aerópago financiero en el que figuraban los trusts J.P. Morgan, Rockefeller, Carnegie y Lazard Brothers. A través de ese proceso de expansión y penetración social  la Round Table han venido ejerciendo desde entonces su poderosa influencia en los círculos académicos, políticos y mediáticos. Entre sus actuales feudos, cuyo dominio comparte con otras sociedades afines del Establishment, figuran los rotativos The International Herald Tribune, The Financial Times, The Wall Street Journal, The Economist, The New York Times y The Washington Post, voceros prototípicos todos ellos del capitalismo progresista y multinacional, y órganos cuyos editoriales y artículos son recogidos en todo el ámbito occidental como si procediesen de un oráculo. Otro de los enclaves dominados por la Round Table es la Universidad de Princeton, donde ha organizado el Instituto de Estudios Avanzados, una entidad entre cuyos más conspícuos y asiduos residentes figura el ideólogo marxista Adam Schaff.
Uno de los mejores conocedores del entramado oligárquico mundial, al que no en vano perteneció durante largo tiempo, sería el historiador Carroll Quigley. Este autor, de obligada referencia en esta materia, fue profesor de historia en la Escuela del Sevicio Exterior de la Universidad de Georgetown, además de profesor invitado en las Universidades de Harvard y Princeton. Fue miembro asimismo de la Asociación Americana de Economía y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, becario de la Brookings Institution y colaborador de la Smithsonian Institution, organismos todos ellos adscritos a los círculos del Establishment. Fruto de sus muchos años de estudios e investigaciones en los archivos de dichas entidades, Quigley publicó en 1965 un libro ("Tragedy and Hope") cuya primera y única edición se agotó en pocos días, y no precisamente a manos de sus potenciales lectores. Desde entonces la obra en cuestión no ha conocido nuevas reediciones, por lo que resulta prácticamente inencontrable, habiendo desaparecido incluso de las bibliotecas y establecimientos similares de acceso público. Convendría, pues, retener el nombre de este historiador, a quien se acudirá en más de una ocasión a lo largo de las próximas páginas.
A modo de anticipo, bueno será reproducir uno de los más esclarecedores párrafos que Quigley dedicara en su libro a la Round Table. Párrafo que no tiene desperdicio, y dice así.: "Existe, y ha existido durante una generación, una red anglófila que opera con el objeto de que la derecha radical crea en la acción comunista. De hecho, esta red, que podríamos identificar con los grupos de la Round Table, no tiene aversión a cooperar con los comunistas o con cualquier otro grupo, y así lo hace frecuentemente. Sé de las operaciones de esta red porque las he estudiado durante veinte años, y pude, durante dos años, a principios de 1960, examinar sus papeles y grabaciones secretas. No tengo aversión por ella ni por la mayoría de sus fines, y he estado mucho tiempo de mi vida cerca de ella y de muchos de sus instrumentos. He objetado, tanto en el pasado como recientemente, algunos de sus procedimientos. Pero en general, mi principal diferencia de opinión son sus deseos de permanecer desconocida, y creo que su papel en la historia es suficientemente significativo como para ser conocida".
El rápido repaso efectuado hasta aquí quedaría incompleto sin hacer alusión a la Fabian Society, otra importante entidad íntimamente relacionada con las citadas anteriormente.
El convulso clima reinante en la Inglaterra victoriana, derivado del hecho de ser aquel país la primera potencia industrial de su época, con todo lo que ello suponía de explotación y marginación social, brindó el caldo de cultivo adecuado para el alumbramiento de la Fabian Society. Esta entidad fue así concebida al amparo de las consabidas consignas obreristas y humanitarias por un reducido grupo de "filántropos" perteneciente a los medios acomodados de la burguesía británica y estrechamente vinculados a los círculos de la alta sociedad. Una circunstancia, esta última, nada sorprendente, por cuanto ha venido siendo algo habitual a todo lo largo de los últimos cien años. Entre los mentores y dirigentes de la Fabian Society figuraban Frank Podmore, George Bernard Shaw, Sidney Webb y lord Olivier, a los que se sumó poco después el influyente columnista Graham Wallas. Posteriormente se sucederían las incorporaciones de personajes tan notorios como el economista John Keynes, el filósofo Bertrand Russell, el escritor H.G.Wells y el historiador Arnold Toynbee. También se incorporaron a sus filas algunos dirigentes sindicales, Ben Tiller y Tom Mann entre ellos, así como otras figuras que iremos viendo más adelante.
Pero antes de trazar un sucinto perfil de las actividades de esta sociedad y de sus dirigentes, no estará de más recordar sus orígenes "proletarios", toda vez que la Fabian Society surgió como un grupo escindidode otra organización anterior denominada Hermandad de la Nueva Vida.  Entre los quince miembros fundadores de dicha hermandad figuraban , además de Podmore y Bernard Shaw, Edward Pease, agente de bolsa del Hutchinson Trust, Havellok Ellis, psicólogo precursor del sexo libre, Ramsay McDonald, futuro primer ministro, lord Haldane, más tarde ministro de la Guerra, y Hubert Bland, columnista del influyente diario Star. Sin olvidarse de Annie Besant, quien a la muerte de la célebre y fantasmagórica Mme. Blavatsky había asumido el mando de la Sociedad Teosófica, inmersa ya por aquellas fechas en un cisma imparable debido, entre otras razones, al hecho de que muchos de sus militantes europeos empezaban a constatar que la tal sociedad no era fundamentalmente sino un instrumento al servicio del imperialismo británico.
Los quince integrantes de la Hermandad de la Nueva Vida se reunieron en Londres el 24 de octubre de 1883 con el objetivo de impulsar un nuevo proyecto del que después saldría la Fabian Society. Y lo hicieron bajo los auspicios de Thomas Davidson, un profesor escocés afincado en los Estados Unidos, donde había fundado la American Economy Association en compañía de Woodrow Wilson y el financiero Isaac Seligman.
Por lo que se refiere a las vinculaciones existentes entre la Fabian Society y la Round Table, puede decirse que fueron desde un principio manifiestas, y no sólamente por la doble militancia de varios de sus respectivos miembros, sino también por la pertenencia común de muchos de ellos a entidades como la Sociedad de Relaciones Culturales y el Real Instituto de Asuntos Internacionales, desde donde se marcaban al Gobierno británico las directrices a seguir en política exterior; organismos que, por otra parte, estaban patrocinados y sostenidos económicamente por las mismas potencias financieras (Hutchinson Trust, Lazard Brothers, Rothschild, Oppenheimer). Y es que el socialismo fabiano representaba el primer intento sistemático de amalgamar el modelo económico capitalista con las tesis del colectivismo marxista, todo ello, claro está, bajo la sabia y filantrópica dirección de las "élites" angloparlantes. Se trataba, en suma, de una temprana manifestación del proyecto totalitario que, por una u otra vía, se viene acariciando desde hace tiempo.
Naturalmente, la evolución gradual hacia el nuevo modelo de sociedad no se ultimaría en un plazo breve. Como los socialistas fabianos sabían y saben muy bien, ese proceso llevaría algún tiempo, siendo preciso, por tanto, contemporizar con ciertos excesos, necesarios en cualquier caso para la consecución de tan elevado fin. De ahí que, tras unos primeros momentos de rechazo, las más notorias figuras de la Fabian Society manifestasen sus simpatías por el régimen de exterminio implantado en la URSS. Tal fue la actitud, entre otros, del ínclito H.G.Wells, turiferario destacado del régimen bolchevique, y de Sidney Webb, que definió a la Unión Soviética como "una democracia madura" y justificó las purgas estalinistas con el argumento de que "la justicia comunista tendría sus buenos motivos para actuar así". En la misma línea se manifestaría el dramaturgo Bernard Shaw, que aunque no aprobaba las huelgas obreras en su país, como el resto de los burgueses fabianos, sí se mostró comprensivo con el terror bolchevique, al que consideraba "un mal necesario".
Sea como fuere, lo cierto es que el renombrado dramaturgo británico, acostumbrado a transitar por los pasillos del Poder, y por tanto buen conocedor de lo que se cocía en ellos, puso en boca de uno de sus personajes literarios, el financiero Undershaft, unas significativas palabras que bien merecen reproducirse aquí. Así le habla el financiero al político en una obra de Shaw titulada La Comandante Bárbara:  "¡El gobierno de tu país! Yo soy el gobierno de tu país, yo y Lazarus. ¿Crees que tú y unos cuantos principiantes como tú sentados en fila en esa institución de estúpido parloteo pueden gobernar a Undershaft y a Lazarus? No, amigo mío, ustedes harán lo que nos convenga. Harán la guerra cuando nos sirva. Comprenderán que el comercio necesita ciertas medidas cuando nosostros hayamos decidido esas medidas. Cuando yo necesite algo que aumente mis ganacias, ustedes descubrirán que mi voluntad es una necesidad nacional, y cuando los demás necesiten algo que disminuya mis ganancias, ustedes llamarán a la policía y al ejército. Como recompensa gozarán del apoyo de mis diarios  y de la satisfacción de pensar que son grandes estadistas.......Vuestras multitudes depositan sus votos y se imaginan que de esa forma gobiernan a sus gobernantes. ¡Votar! Cuando usted vota lo único que cambia son los nombres del Gabinete".
Dos de los más activos animadores de la Fabian Society en los inicios de ésta fueron los esposos Webb (Sindney Webb y Beatriz Potter), que, como el resto de los dirigentes de dicha entidad, procedían de los medios acomodados de la burguesía inglesa. Entre las más significativas dotes de este matrimonio fabiano figuraba su encendida verborrea proletaria, lo que les impediría condenar la huelga minera de 1920 y negar toda ayuda a las familias de los huelguistas. Igualmente, sus públicas muestras de simpatía hacia el régimen soviético no entorpecieron en lo más mínimo la buena acogida que en todo momento se les dispensó en los círculos oligárquicos de la alta sociedad británica. Más bien todo lo contrario, pues como muy certeramente señalara el sindicalista americano George Meany, la retórica izquierdista siempre ha gozado de un buen cartel entre amplios sectores de la "mejor" gente. De hecho, Sidney Webb fue distinguido en 1929 con el título de barón Pasfield, y su cuñada, Georgina Potter, entroncó con la élite financiera tras casarse con David Meinertzhagen, presidente de la Banca Lazard londinense. Los Webb constituían, pues, una muestra prototípica de esa burguesía esnob que adopta poses obreristas sin renunciar ni por un momento a sus privilegios de clase y al vacuo tipo de vida característico de su condición social. El conmovedor afán redentor de esas almas sensibles y progresistas se cifra, por tanto, en hacer de los atrasados proletarios unos burguesitos de provecho, trasladándoles a tal efecto todas las taras propias de su decrépita mentalidad, cosa que, como bien prueban los hechos, ya han logrado casi completamente.
Entre las iniciativas del matrimonio Webb destacó la constitución de un Club de "cerebros" cuyo objetivo sería lograr la máxima eficacia en todos los campos, dentro del más puro estilo tecnocrático. Esa agrupación de "superdotados", bautizada por Beatriz Webb con el nombre de Los Coeficientes, fue tratada por H.G. Wells en uno de sus escritos, "Experiment in Autobiography", donde le dedicaría todo un capítulo cuyo elocuente título (La idea de un mundo planificado) ahorra cualquier comentario. 
En 1894 el trust de Henry Hutchinson, en el que Sidney Webb ocupaba un alto cargo, concedió a la Fabian Society diez mil libras para propaganda y demás actividades. Con este dinero y los cuantiosos fondos aportados por la casa Rothschild, los máximos dirigentes de la Fabian Society (Webb, Wallas, Shaw) crearon la London School of Economics and Political Science (Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres), cuyo cometido sería formar a los futuros arquitectos de una nueva sociedad regida por los principios fabianos. A lo largo de los últimos decenios este centro académico ha recibido ingentes aportaciones económicas de la Alta Finanza, y muy especialmente del trust Rockefeller, a través de la Fundación L.Spellman-Rockefeller, y  por sus aulas ha pasado el propio David Rockefeller, así como una pléyade de políticos y tecnócratas de la izquierda occidental.

LA FUNDACIÓN DE LA REPÚBLICA NORTEAMERICANA


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El 4 de julio de 1776,  los delegados de los trece Estados de Nueva Inglaterra proclamaban la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. De los trece firmantes del Acta de Independencia, nueve eran francmasones (Ellery, Franklin, Hancock, Hewes, Hooper, Paine, Stockton, Walton y Whipple). Idéntica condición compartían nueve de los trece delegados que rubricaron los artículos de la nueva Confederación (Adams, Carroll, Dickinson, Ellery, Hancock, Harnett, Laurens, Roberdau y Bayard Smith), así como los trece firmantes de la Constitución estadounidense (Bedford, Blair, Brearley, Broom, Carroll, Dayton, Dickinson, Franklin, Gilman, King, McHenry, Paterson y Washington). La gran mayoría de los congresistas que ratificaron dichos acuerdos eran igualmente miembros de la hermandad masónica, lo mismo que la práctica totalidad de los mandos del ejército republicano que combatió a las tropas realistas de la metrópoli inglesa.
La influencia de la francmasonería se haría patente desde el principio en todos los ámbitos del incipiente Estado, modelando sus componentes ideológicos y políticos e inspirando buena parte de su simbología.
Inmediatamente después de proclamar la Declaración de Independencia, el Congreso reunido en Filadelfia adoptó una resolución encargando a John Adams, Benjamín Franklin y Thomas Jefferson la confección del sello oficial del nuevo Estado. A tal efecto, cada uno de los tres miembros del comité sugirió un diseño para el sello de la Unión. Jefferson propuso una imagen que representase al pueblo de Israel marchando hacia la Tierra Prometida. Franklin proyectó una alegoría en la que aparecía Moisés conduciendo a los israelitas a través del Mar Rojo. John Adams, por su parte, se inclinó por un tema de la mitología griega que representaba a Hércules. A estas primeras propuestas se les fueron añadiendo las de sucesivos comités hasta que, finalmente, fue aprobado el diseño definitivo propuesto por el secretario del Congreso, Charles Thomson, maestre de una logia masónica de Filadelfia dirigida por Benjamín Franklin.
El reverso de dicho sello no era (es) sino una transcripción de la simbología iluminista. En su parte central figura una pirámide truncada de trece escalones, el último de los cuales contiene una fecha escrita en caracteres romanos: MDCCLXXVI, esto es, 1776. Coronando la cima de la pirámide aparece un triángulo radiante con un ojo en su interior. Tal ideograma era el símbolo de los Illuminati de Baviera, y el que figuró en las portadas de los textos jacobinos más radicales durante la Revolución Francesa. El reverso del Gran Sello incluye también dos leyendas, una en su parte superior, circundando el triángulo, que reza "Annuit Coeptis", y otra en su parte inferior, que circunda la base de la pirámide y dice "Novus Ordo Seclorum".
Los trece escalones de la pirámide representan a los trece Estados firmantes de la Declaración de Independencia. La leyenda "Annuit Coeptis" se traduce como "(él) ha favorecido nuestra empresa", refiriéndose al ojo encerrado en el triángulo, que representa a una fuerza providencial cuya naturaleza será mejor dejar para otra ocasión. Esta consigna refleja fielmente esa especie de mesianismo pseudorreligioso que ha impregnado desde sus comienzos la idiosincrasia nacional estadounidense. No será necesario extenderse aquí sobre las pretensiones "salvíficas" de ese país, pretensiones que se han venido manifestando como una constante prácticamente desde su nacimiento.De ahí los innumerables atropellos "libertadores" cometidos por tan emérita nación sobre sus vecinos continentales del sur, por no hablar de los perpetrados contra los nativos amerindios, y de ahí sus ínfulas contemporáneas que le llevan a erigirse en faro de la humanidad, pese a tratarse una de las sociedades en las que con mayor virulencia se manifiestan todas las lacras de la patología occidental. Aunque justo es reconocer que también se trata de uno de los pocos países, por no decir el único, en el que aún subsiste una prensa independiente digna de ese nombre, minoritaria y arrinconada, naturalmente. Entendiendo por prensa independiente, claro está, aquélla que desenmascara al Sistema en su conjunto, y no la que practica la nauseabunda farsa de censurar las irregularidades de alguna de las facciones políticas que lo componen, santificando simultáneamente al Sistema que está por encima de todas ellas.
En cuanto a la otra frase del sello, "Novus Ordo Seclorum", su traducción correspondiente vendría a ser "El Nuevo Orden de los Siglos" o "El Nuevo Orden de las Eras". Como podrá apreciarse, las referencias a un Nuevo Orden y a una Nueva Era, tan recurrentes a todo lo largo de la época moderna, no son nada nuevas. Esta frase, tomada del filósofo romano Virgilio, es interpretada en su sentido más superficial como una equiparación del nuevo Estado norteamericano con la antigua Roma Imperial. Pero en la simbología iluminista la leyenda en cuestión no se refiere a nada de eso, sino a la "Nueva Era de Acuario" ( otro concepto muy en boga hoy), que habrá de suceder a la Era de Piscis o Era Cristiana. Con arreglo a dicha simbología, la fecha que figura en el Gran Sello norteamericano, 1776, que es la fecha en la que tuvo lugar tanto la Declaración de Independencia como la fundación de la Orden de los Iluminados, marca el inicio de un período de 250 años durante el cual deberá consumarse la transición de la Era de Piscis a la de Acuario. Y en esa transición, tal y como pensaban los diseñadores del Sello, los Estados Unidos desempeñarían un papel determinante.
Un buen colofón de todo lo apuntado hasta aquí podría ser la carta que el propio George Washington le escribiera en 1798 al pastor protestante G.W. Snyder, y en la que se expresaba en estos términos: "Yo no tenía la intención de poner en duda que la doctrina de los Iluminados y los principios del jacobinismo se habían extendido en los Estados Unidos. Al contrario, nadie está más convencido de ello que yo. La idea que yo querría exponeros era que yo no creía que las logias de nuestro país hayan buscado, en tanto que asociaciones, propagar las diabólicas doctrinas de los primeros y los perniciosos principios de los segundos, si es que es posible separarlos. Que las individualidades lo hayan hecho, o que el fundador o los intermediarios empleados para crear las sociedades democráticas en los Estados Unidos hayan tenido ese proyecto , es demasiado evidente para permitir la duda".
Como culminación del proceso, en 1945 otro hermano francmasón, el presidente Franklin Delano Roosevelt, ordenó que el reverso del Gran Sello norteamericano se imprimiera en la cara posterior del billete de dólar, sin duda el lugar más idóneo. Todo un símbolo de la religión humanista del poder y del dinero que impera en la actualidad y que tiene sus centros de culto en la Sala de Oración del Capitolio, en el Templo del Entendimiento de Washington y en el Salón de Meditaciones de la ONU. 
Desde el primer presidente de la nación, George Washington, iniciado en la logia Fredicksburg nº 4 de Virginia, y con el tiempo Gran Maestre de la logia Alejandría nº 22, quince han sido sus sucesores en la suprema magistratura de los Estados Unidos que han vestido el mandil francmasón:
James Monroe, presidente de 1817 a 1824. Maestre de la logia Williamburg nº 6 de Virginia.
Andrew Jackson, presidente de 1829 a 1836. Gran Maestre de la logia Harmony nº1 de Nashville (Tenesse).
James Knox Polk, presidente de 1845 a 1849. Maestre de la logia Columbia nº 31 de Tenesse.
James Buchanan, presidente de 1857 a 1861. Maestre de la logia nº 43 de Lancaster (Pensilvania).
Andrew Johnson, presidente de 1865 a 1868. Grado 33 del rito escocés.
James Garfield, presidente en 1881. Grado 14 en la logia Mithras de Washington.
William McKinley, presidente de 1897 a 1901. Caballero del Templo en la logia Canton nº 60 de Ohio.
Theodore Roosevelt, presidente de 1901 a 1909. Maestre en la logia Matinecock nº 806, de Oyster Bay (Nueva York).
William Howard Taft, presidente de 1909 a 1913. Gran Maestre de la masonería de Ohio.
Warren G. Harding, presidente de 1921 a 1923. Grado 33 en la fraternidad nº 26 de Ohio.
Franklin Delano Roosevelt, presidente de 1933 a 1945. Grado 32 del rito escocés.
Harry S. Truman, presidente de 1945 a 1953. Gran Maestre de la masonería de Missouri y, posteriormente, grado 33, el máximo de la organización.
Lyndon B. Johnson, presidente de 1963 a 1969. Iniciado en la masonería de Tejas.
Gerald Ford, presidente de 1974 a 1977. Miembro de la logia Columbia nº 3 de Washington e Inspector General Honorario del grado 33.
Y George Bush, grado 33 del Supremo Consejo, además de Gran Carnicero de Panamá y Gran Devastador de Irak, aunque este tipo de títulos no suelan ser reconocidos oficialmente por la filantropía francmasónica.
Esto no es más que una muestra de la presencia de la francmasonería en la vida pública estadounidense, ya que la nómina de todos los adeptos pertenecientes a las altas esferas económicas, políticas y sociales sería, por su extensión, imposible de reproducir aquí.
Junto a las logias adscritas al rito escocés, es decir, a las Constituciones de Anderson, y en estrecha relación con las mismas, opera en los Estados Unidos otra masonería con identidad propia agrupada en torno a la Logia B'naï B'rith y reservada exclusivamente a los ciudadanos de origen judío. Esta entidad, cuyo peso e influencia en las altas esferas del Poder serán analizados más adelante, cuenta con ramificaciones distribuídas por 47 países, y el número de sus afiliados supera la cifra de 600.000. De cualquier modo, el hecho de pertenecer a la logia B'naï B'rith no impide la militancia de sus miembros en otras logias de la masonería regular, cosa, por lo demás, harto frecuente, si bien el flujo en sentido inverso no es posible.
Por otro lado, el papel desempeñado por los francmasones judíos en la fundación y desarrollo de la masonería norteamericana fue, desde los mismos inicios de ésta, más que notable.Y nada mejor para constatarlo que acudir a la valoración efectuada sobre ese particular por la publicación Jurisdiction Sud, boletín oficial del rito escocés reservado a los adeptos, en cuyo número correspondiente a marzo de 1990, el francmasón de grado 32 Paul M.Bessel escribía lo siguiente: 
"Los judíos han estado activamente vinculados a los inicios de la francmasonería en los Estados Unidos. Numerosos detalles prueban, en efecto, que ellos estuvieron entre los fundadores de la francmasonería en siete de los trece Estados primitivos: Rhode Island, New York, Pennsylvania, Mayland, Georgia, Carolina del Sur y Virginia".
"Un francmasón judío, de nombre Moisés Michael Hays, fue el primero que introdujo el rito masónico escocés en los Estados Unidos. Fue igualmente Inspector General delegado para la francmasonería de América del Norte en 1768, y Gran Maestre del Estado de Massachussets de 1788 a 1792".
"Los francmasones judíos jugaron un papel importante en el curso de la Revolución Americana: 24 de ellos fueron oficiales del ejército de George Washington, y otros muchos ayudaron con su dinero a la causa americana. Hayim Salomon, un masón de Filadelfia que, junto con otros, contribuyó a la colecta de fondos destinados a sostener el esfuerzo de  guerra americano, también prestó dinero a Jefferson, Madison y Lee".
"Se dispone de pruebas de que numerosos judíos, rabinos incluídos, permanecieron vinculados al movimiento francmasón americano a todo lo largo de la historia de los Estados Unidos. Ha habido al menos una cincuentena de Grandes Maestres judíos americanos. Hoy, numerosos judíos son activos francmasones en los Estados Unidos, así como en otros países. A título indicativo, el Estado de Israel cuenta con unas sesenta logias que comprenden un total de casi trece mil miembros. Sin hablar de los afiliados a la logia B'naï B'rith".
Tiempo antes, el Masonic Service Association of the United States había incluído en su publicación confidencial "Short Talk Bulletin" (vol. XLV, nº3) una lista de los Grandes Maestres judíos de la francmasonería estadounidense.
 Por lo demás, la relación existente en el ámbito francmasónico no es más que un reflejo de la estrecha vinculación que, a todos los niveles, se ha dado siempre entre el protestantismo norteamericano y el universo judío. Vinculación que no sólo se manifiesta en los altos círculos sociales de ese país, donde la trabazón entre la oligarquía protestante y la plutocracia judía ha sido y sigue siendo íntima, sino también en la esfera ideológico-religiosa del fundamentalismo anglosajón. Es, por lo tanto, una solemne patraña, o si se prefiere, pura intoxicación, la idea que, desde los medios voceros del capitalismo progresista, atribuye al fundamentalismo protestante norteamericano un contenido antijudaico (como muestra perfecta de dicha intoxicación léase un artículo aparecido en el rotativo El Mundo el 29-4-95 bajo el título "Del Mayflower a Forrest Gump"). Intoxicación que, como se habrá podido comprobar, arreció con ocasión del atentado de Oklahoma, un suceso a partir del cual los manipuladores de costumbre han pretendido extender al conservadurismo protestante en su conjunto los planteamientos de los supuestos autores del delito, individuos pertenecientes a unos círculos ideológicos marginales y absolutamente minoritarios en aquel país. Baste decir a este respecto que los militantes de tales grupúsculos ultras no superan en los Estados Unidos la cifra de unas cuantas docenas, cantidad a todas luces irrisoria en un territorio habitado por doscientos cincuenta millones de personas, y en el que cualquiera de las aberraciones y extravagancias que lo recorren cuenta con millares de adeptos. A título de anécdota grotesca, tampoco será ocioso recordar la intervención del presidente Clinton, que se dirigió a los niños norteamericanos que vieron las escenas de la catástrofe por televisión para mitigar el impacto traumático de tales imágenes y recordarles que "las personas mayores son buenas". Como si los niños norteamericanos no estuviesen hasta las criadillas de ver violencias y carnicerías de toda índole en la televisión de su país.
Lo cierto, pues, con arreglo a los hechos, y la auténtica realidad es que los sectores más conservadores del republicanismo estadounidense simpatizan con la causa sionista con el mismo entusiamo que lo hacen los progresistas del partido demócrata. Y tal cosa ha sido así desde los mismos comienzos de esa nación.
El fundamentalismo nortemericano moderno hunde sus raíces en los puritanos pilgrims que arribaron a las costas de Nueva Inglaterra a principios del siglo XVII. Ahítos de Biblia e imbuídos de una especie de fanatismo mesiánico, los tripulantes del Mayflower y del Arbella se consideraban a sí mismos los elegidos de Dios, un concepto que, por aberrante que a la luz de los hechos pueda parecer, ha estado siempre presente en el protestantismo estadounidense.
Concepciones similares a aquéllas fueron reproducidas después por  "teólogos" más cercanos en el tiempo, entre los que cabría citar a John Wilson, un frenólogo londinense que en 1840 publicó un libro titulado "Our Israelitisch Origin", donde se establecían las bases "históricas" y "científicas" del mesianismo anglosajón. Según el citado autor, a raíz de las invasiones asirias un contingente del pueblo judío marchó al exilio. Con el transcurso del tiempo esos judíos exiliados se convirtieron en los escitas, que, a su vez, eran los antepasados de los sajones. Una vez establecida semejante cadena genealógica, y tras afirmar que la palabra "sajón" significaba "hijo de Israel", el tal Wilson concluyó finalmente que los ingleses eran descendientes por línea directa de la tribu judía de Efraín.
Como será fácil de suponer, Wilson no estuvo sólo en esa labor de búsqueda "científica". Muy pronto sus fantasmagóricas pesquisas se vieron secundadas e incluso sobrepasadas por otros lunáticos de parecido calibre. Uno de ellos fue el reverendo Glover, que identificó al león británico con el león de Judá y, al igual que Wilson, afirmó que los ingleses descendían de la tribu de Efraín, y los galeses y escoceses de la tribu de Manasés. Poco después aparecería otro investigador similar, Edward Hine, quien en 1870 publicó una obra donde se ratificaban y ampliaban las conclusiones de sus predecesores ("The English nation identified with the lost house of Israel by twenty-seven identifications"). La primera edición de dicha obra fue seguida cuatro años más tarde de una segunda edición revisada según la cual los anglosajones ya no estaban entroncados con varias de las antiguas tribus hebreas, sino con todas ellas.
Todo esto no pasaría de ser una anécdora esperpéntica si no fuera por el hecho de que tales dislates no sólo alcanzaron una considerable aceptación en su época, sino que todavía hoy se incluyen como conceptos básicos en los libros de texto del fundamentalismo protestante anglosajón.
Con el declive del Imperio Británico, semejantes lucubraciones mesiánicas, tan idóneas por otra parte para servir de soporte ideológico al expansionismo y a la dominación, se afincaron en el nuevo centro de gravedad del mundo capitalista, donde encontrarían un terreno abonado para su arraigo en las mistificaciones del protestantismo pilgrim.
No hará falta decir que el enemigo supremo fue identificado durante años por el fundamentalismo nortemericano con la URSS. Pero ésa no era la única amenaza que se cernía sobre tan benemérita nación. Entre algunos sectores de los más adinerados e influyentes círculos del ultraconservadurismo republicano, también estuvo extendida la idea de que la Bestia de las Diez Diademas del Apocalipsis, era la Comunidad Europea, integrada entonces por diez naciones. Aunque es de suponer que la posterior incorporación de nuevos países a la Comunidad dejaría un tanto desconcertados a tan sagaces cabalistas, que a buen seguro estarán escudriñando con redoblada atención en el esoterismo numérico en busca de nuevas combinaciones que confirmen su tesis según la cual  "la CE reducirá a la esclavitud a Gran Bretaña y a Norteamérica".
Otro de los elementos recurrentes del fundamentalismo protestante es el célebre Harmagedón, una idea que reviste especial importancia entre amplios sectores de la oligarquía económica y política del conservadurismo estadounidense. Así, durante la campaña presidencial de 1980, y en el curso de una alocución pronunciada ante un grupo de dirigentes del lobby judío neoyorquino, Ronald Reagan se refirió a ese tema asegurando que "Israel es la única democracia estable en la que podemos confiar en la zona donde puede llegar el Harmagedón". No será ocioso significar que uno de los mentores "espirituales" de Ronald Reagan era por entonces Jerry Falwell, destacado predicador fundamentalista y presidente de la llamada "Mayoría Moral" de los Estados Unidos, colectivo que tiempo después se integraría en la Liberty Federation. Por otra parte, las opiniones de Reagan eran compartidas por varios altos cargos de la Administración, entre los cuales figuraban James Watt, secretario de Interior, James Watkins, jefe de Operaciones Navales, John Vessey, jefe del Estado Mayor conjunto, y Caspar Weinberger, secretario de Defensa. Este último también se manifestó sobre el particular durante una conferencia celebrada en la Universidad de Harvard, donde afirmó que, por su condición de judío practicante, estaba familiarizado con los temas bíblicos, señalando su convicción de que la gran batalla del Harmagedón se libraría en la colina de Meggido, un pequeño promontorio situado a unos veinticinco kilómetros de la localidad israelita de Haifa.
Por lo demás, la importancia que los postulantes del Harmagedón otorgan al territorio israelí es algo común y reiterativo en esos ambientes ideológicos, importancia que, en cualquier caso, no tiene más fundamento que sus estrafalarias interpretaciones de ciertos pasajes bíblicos. Muy distinto, por el contrario, es el criterio sobre ese respecto de quienes han sabido valorar la verdadera relevancia estratégica de dicha zona basándose en elementos de juicio bastante más pragmáticos y realistas. Tal fue el caso de Nahum Goldmann, fundador del Congreso Judío Mundial y, posteriormente, presidente de Israel, quien en el curso de la 7ª sesión plenaria del Congreso Judío canadiense se refirió a ese tema en los siguientes términos: "El Medio Oriente, situado entre tres continentes, cruce de Europa, Asia y Africa, es probablemente la región estratégica más importante del mundo....Recuerdo que el encargado de la administración del petróleo en Norteamérica durante la guerra, el señor Ickes, me manifestó que los informes de los expertos confirmaban la presencia de más petróleo en el Medio Oriente que en toda América del Norte y Central juntas, de diez a veinte veces más. Y ustedes saben lo que el petróleo significa para el mundo. Una vez que hayamos establecido un Estado judío en Palestina, todo estará a nuestro favor.....Palestina es hoy el centro de la estrategia política mundial, y los hombres de Estado que se ocupan ahora del sionismo piensan así. Querría que los sionistas lo comprendieran. No siempre lo que se sustenta en la justicia y la honradez es lo que cuenta en este mundo. Las naciones y los gobernantes del mundo determinan su actitud con arreglo a sus intereses realistas. Esas serán las consideraciones decisivas. Todos los aspectos humanitarios del problema palestino no serán, pues, decisivos, y nosotros debemos adaptar nuestra política a los aspectos realistas del asunto".(Seventh Plenary Session, National Dominion Canadian Jewish Congress, May 31, 1947)
Para concluir este breve repaso relativo a las claves mentales propias del fundamentalismo protestante estadounidense, bueno será dedicar unas palabras a la Liberty Federation, auténtico núcleo ideológico de la antigua "Mayoría Moral" y del movimiento ultraconservador actualmente encabezado por Gingrich bajo el lema del Contrato con América. Dicha Federación mantiene una especie de índice de libros proscritos en el que, a juzgar por el puritanismo exacerbado del que hacen gala sus mentores, sólo sería previsible encontrar textos atentatorios contra la moral sexual, cosa que, por supuesto, no es así. Esa hipócrita obsesión por todo lo referente al sexo es simplemente la clásica y manida fachada conservadora, de la que tan buen partido suelen sacar sus "rivales" y equivalentes de la burguesía progresista, el otro bando del muladar, que aprovechan tal circunstancia para proponer a cambio su característico repertorio de esnobismos sórdidos y para intensificar sus campañas de disolución global. Pero el meollo fundamental de ese índice de lecturas malsanas no son los panfletos pornográficos, sino las obras que cuestionan el liderazgo político y militar de los Estados Unidos, las que se muestran críticas con el culto al dinero, las que desenmascaran la "ética" de las finanzas y de las sociedades anónimas, y las que ponen en solfa el sacrosanto "liberalismo" económico. Aunque todavía hay más. Entre los libros censurados figuran títulos como "1984", de Orwel, y "Un Mundo Feliz", de Huxley, dos retratos premonitorios del totalitarismo posmoderno. También aparece en la lista negra la obra de Solzhenitsin "Un día en la vida de Iván Denisovich", uno de los más preclaros alegatos que se hayan podido escribir contra la dictadura soviética.
De esta forma, con un paso hacia atrás de los fariseos piadosos, y dos hacia adelante de sus homólogos progresistas, se va culminado el proceso

LOS ILLUMINATI DE WISHAUPT


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La Orden de los Iluminados de Baviera fue fundada el 1 de marzo de 1776 por Adam Weishaupt, un profesor de Derecho Canónico de la Universidad alemana de Ingolstadt formado en el colegio de los jesuitas de su ciudad natal. Sus primeros adeptos fueron cuatro alumnos de su propia cátedra, que en un principio constituyó el epicentro de la labor proselitista del fundador. A partir de ese reducido núcleo se articuló la expansión de la Orden sobre la premisa básica de conseguir la adhesión de elementos situados en posiciones sociales y económicas relevantes. Consecuentemente, el reclutamiento de los nuevos acólitos no se efectuaba por candidatura, sino por cooptación, atendiendo a las propuestas de algún miembro de la secta e iniciando seguidamente una discreta maniobra de aproximación al candidato considerado idóneo.
Poco tiempo después de que fuese creada, tuvo lugar la incorporación a la Orden del primer adepto de alto rango social, un barón protestante de Hannover llamado Adolf von Knigge, cuyo temperamente ecléctico y ambicioso se dejaría sentir en las futuras actividades de la organización. A partir de entonces las incorporaciones de nuevos acólitos de destacada posición se sucederían ininterrumpidamente: el duque Luis Eduardo de Saxe-Gotha, el duque de Saxe-Weimar, el príncipe Ferdinand de Brunswick, el conde de Stolberg, el príncipe Karl de Hesse, el príncipe de Neuwied, el conde von Pappenheim, el barón de Dalberg, el escritor Wofgang Goethe (Abaris, en la nomenclatura de la secta) y un largo etcétera.
La estrategia diseñada por Spartacus (nombre sectario de Weishaupt) habría de convertirse con el tiempo en el modelo inspirador de todas las sociedades afines orientadas al advenimiento de un "nuevo orden", y básicamente se resumía en los puntos siguientes: reclutamiento en los círculos sociales oligárquicos; rígida jerarquización interna; mando restringido a un reducido grupo de iniciados; y agitación ideológica fundamentada en los señuelos humanistas, filantrópicos y democráticos plenamente consagrados en la actualidad. De los Illuminati y de la Francmasonería procede igualmente el esquema organizativo en círculos concéntricos, adoptado después por las sociedades carbonarias (Babeuf, Buonarrotti, Bakunin, Marx), y por las actuales agrupaciones financiero-tecnocráticas de ámbito mundial.
El hecho de que se disponga de un conocimiento prácticamente absoluto de los inicios de la Orden, cuyos documentos internos cayeron en manos de la policía bávara, permite seguir el rastro de sus actividades y constatar la permanencia en el tiempo de sus métodos operativos. Las directrices de Weishaupt no podían ser más elocuentes: "es en la intimidad de las sociedades secretas donde ha de saberse preparar la opinión"; "cada adepto debe llevar un diario donde anotará todas las particularidades concernientes a las personas con las cuales esté en relación". Por otra parte, y en tanto, que iniciado en la masonería regular, y conocedor, por ello, de los métodos de ésta, Weishaupt adoptó la máxima según la cual "cada iluminado debía actuar como si el grado al que pertenecía fuera el último", para añadir a continuación que "la franqueza sólo es una virtud cuando se manifiesta con los superiores jerárquicos"
Por lo que se refiere a los objetivos de la Orden, las consignas impartidas por Weishaupt a sus grados superiores no dejan espacio a la duda: "Cada uno de los hermanos  debe poner en conocimiento de su jerarquía  los empleos, servicios, beneficios y demás dignidades de las que podamos disponer o conseguir por nuestra influencia, a fin de que nuestros superiores tengan la ocasión de proponer para esos empleos a los dignos miembros de nuestra Orden";  "De lo que se trata es de infiltrar a los iniciados en la Administración del Estado, bajo la cobertura del secreto, al objeto de que llegue el día en que, aunque las apariencias sean las mismas, las cosas sean diferentes"; "En una palabra -apostillaba Weishaupt- es preciso establecer un régimen de dominación universal, una forma de gobierno que se extienda por todo el planeta. Es preciso conjuntar una legión de hombres infatigables en torno a las potencias de la tierra, para que extiendan por todas partes su labor siguiendo el plan de la Orden".
Como será fácil advertir, esos últimos pronunciamientos guardan un estrecho paralelismo con las manifestaciones efectuadas en nuestra época por varias figuras prominentes del Nuevo Orden Mundial. Sirvan como muestra las que se reproducen a continuación:
Edmond de Rothschild, en declaraciones a la revista Enterprise: "La estructura que debe desaparecer es la nación"
James Paul Warburg, patrón del grupo financiero S.G.Warburg, miembro de la Round Table y del Council on Foreign Relations, en una alocución pronunciada ante una comisión del Senado estadounidense. " La única interrogante de nuestro tiempo no es si el Gobierno Mundial  será alcanzado o no, sino si será alcanzado pacíficamente o con violencia. Se quiera o no, tendremos un gobierno mundial. La única cuestión es saber si será por concesión o por imposición".
Guardando el debido orden jerárquico, y una vez que han hablado los patrones, es ahora el turno de sus subalternos.
Gianni de Michelis, ex-ministro italiano de Asuntos Exteriores y presidente del Instituto Aspen (un apéndice de la Comisión Trilateral), en declaraciones efectuadas al diario El País el 4 de abril de 1990: "El poder ha de ser inevitablemente transferido de las naciones soberanas a instituciones supranacionales"
John Kennet Galbraith, socialista fabiano, profesor de la Universidad de Harward (feudo académico del Council on Foreign Relations y de la Comisión Trilateral), en declaraciones publicadas el 9 de marzo de 1977 por el diario La Vanguardia: "El socialismo moderno no dependerá de los teóricos o de los políticos, sino de los dirigentes de las empresas multinacionales".
El corpus ideológico iluminista, idéntico en lo esencial al de la francmasonería especulativa, hace del culto al racionalismo una de sus piedras angulares, lo que no es obstáculo para que, simultáneamente, recurra a un variopinto galimatías de conceptos extraídos arbitrariamente de la Biblia o del confucionismo, conceptos a los que se añaden otros tomados de filósofos como Epicteto, Séneca o Marco aurelio. Se trata, pues, del característico ejercicio de sincretismo doctrinal, un hecho que aplicado al terreno metafísico e iniciático, al que habitualmente apelan las organizaciones pseudoiniciáticas modernas, es síntoma inequívoco de mascarada y de fraude.
Por lo que se refiere a las relaciones entre los Illuminati y la Francmasonería, y al margen de su notoria afinidad ideológica, cabe subrayar ,en primer término, la pertenencia del propio Weishaupt a la masonería regular, en la cual había sido iniciado tiempo antes de que fundara la Orden iluminista. Más significativa aún a este respecto fue la Reunión o Convento de Wilhelmsbad, una especie de Conferencia de todos los grupos masónicos que tuvo lugar en 1782, y en la que participó la logia de la Estricta Observancia, a la cual pertenecían extraoficialmente los Iluminados de Baviera. En dicha reunión se acordó refundir los tres primeros grados de todas las obediencias masónicas, dejando los restantes al arbitrio de cada una de las logias. A raíz de aquel evento, y tras el intento fallido de Weishaupt de unificar bajo su autoridad todas las disciplinas masónicas, se produjo un fluido trasvase merced al cual numerosos francmasones fueron iniciados en la Orden iluminista, mientras que otros tantos acólitos de Weishaupt ingresaban en las filas de diversas logias masónicas, duplicando así, unos y otros, su filiación. A esa circunstancia obedecería la pervivencia en el tiempo de la corriente iluminista, aunque la Orden fuese declarada ilegal en 1784 por el Elector de Baviera, y pese a que su fundador fuera desterrado y, más tarde, una vez conocido el alcance de la trama iluminista, condenado a muerte.
Tras dicha condena, que en realidad no fue sino un gesto efectista del Elector bávaro, y contando con la aquiescencia de este último, Weishaupt se evadió a la corte del duque de Saxe, uno de sus adeptos, que le nombró su consejero  y le confió la educación de su heredero. Los restantes dirigentes de la Orden se evaporaron temporalmente, prosiguiendo su actividad en las logias masónicas europeas y americanas, aunque su ostracismo duraría poco tiempo. En efecto, en 1786 vuelven a aparecer en una reunión que tuvo lugar en Frankfurt, casa matriz de los Rothschild, y en la que se gestaron los preparativos de la Revolución Francesa. Allí fue acordada la muerte de Luis XVI y la creación de la Guardia Nacional republicana, y desde allí se impartieron las correspondientes órdenes a las logias militares francesas para que, llegado el momento, no obstaculizaran el desarrollo del proceso revolucionario. No menos relevante fue la participación en dicho proceso de los acólitos iluministas, muchos de los cuales militaban simultáneamente en diversas logias de la masonería regular. Figuraron entre ellos el abate Siéyes, el marqués de Condorcet, Danton y Tayllerand, así como Mirabeau, Marat y Robespierre, afiliados a una sociedad iluminista conocida como el Comité Secreto de los Amigos Reunidos. Por otro lado, las labores de agitación y los disturbios sociales promovidos por los militantes iluministas en Francia contaron con el generoso patrocinio económico de financieros como Benjamín y Abraham Goldsmid, Moisés Mocatta, David Friedlander, Herz Cerfbeer y Moisés Mendelsshon.
En la línea de lo apuntado conviene significar que la filosofía y la simbología iluministas jugaron asimismo un papel sobresaliente en la gestación de la República Norteamericana, como muy pronto veremos.
Para cerrar este epígrafe bueno será dedicar algunas líneas a una de las herramientas ideológicas que más propició el óptimo desenvolvimiento de la francmasonería en su conjunto y del iluminismo en particular, dando paso con ello a la instauración del nuevo régimen. Se trata de la filantropía, un concepto que habría de consolidarse como una de las peculiaridades características del modelo burgués. Partiendo del los postulados del humanismo renacentista, dicho concepto fue desarrollándose a modo de sucedáneo de las creencias religiosas, sometidas a un progresivo descrédito como lógica consecuencias de su sórdida instrumentalización durante el Antiguo Régimen; un hecho, este último, en el que nunca reparan ciertos críticos del mundo moderno casualmente pertenecientes a los sectores de la burguesía que siguieron practicando esa espúrea instrumentalización. Devenida, pues, en una suerte de pseudorreligión antropocéntrica, la filantropía pasaría a convertirse en el instrumento predilecto de la nueva clase dominante para engalanar su mentalidad materialista y como contrapunto de la vacuidad metafísica y espiritual que le es característica.
Desde entonces la causa filantrópico-humanista serviría para promover las convulsiones más sangrientas, para justificar los mayores despotismos y para adulterar los más elementales principios, amén de convertirse en la mejor cobertura del dominio oligárquico. Ese fue el mecanismo ideológico de la dictadura jacobina, y en cuyo nombre se perpetraron las matanzas de la Vendée y se instauró el Gran Terror. El mismo que utilizaría después el totalitarismo marxista y el mismo que esgrimen en el presente los psicópatas "filántropos" del Nuevo Orden  Mundial.

LLAMADO DEL GOBIERNO DEL REICH AL PUEBLO ALEMAN (1 de febrero de 1933)

Imagen relacionadaMás de 14 años han transcurrido desde el infortunado día en que el pueblo alemán, deslumbrado por promesas que le llegaban del interior y del exterior, lo perdió todo al dejar caer en el olvido los más excelsos bienes de nuestro pasado: la unidad, el honor y la libertad. Desde aquel día en que la traición se impuso, el Todopoderoso ha mantenido apartada de nuestro pueblo su bendición. La discordia y el odio hicieron su entrada. Millones y millones de alemanes pertenecientes a todas las clases sociales, hombres y mujeres, lo mejor de nuestro pueblo, ven con desolación profunda cómo la unidad de la nación se debilita y se disuelve en el tumulto de las opiniones políticas egoístas, de los intereses económicos y de los conflictos doctrinarios.
Como tantas otras veces en el curso de nuestra historia, Alemania ofrece desde el día de la Revolución un cuadro de discordia desolador. La igualdad y la fraternidad prometidas no llegaron nunca, pero en cambio perdimos la libertad. A la pérdida de unidad espiritual, de la voluntad colectiva de nuestro pueblo, siguió la pérdida de su posición política en el mundo.
Calurosamente convencidos de que el pueblo alemán acudió en 1914 a la gran contienda sin la menor noción de haberla provocado, antes bien movido por la única preocupación de defender la nación atacada, la libertad y la existencia de sus habitantes, vemos en el terrible destino que nos persigue desde noviembre de 1918 la consecuencia exclusiva de nuestra decadencia interna. Pero el resto del mundo se encuentra asimismo conmovido desde entonces por crisis no menos graves. El equilibrio histórico de fuerzas, que en el pasado contribuyó no poco a revelar la necesidad de una interna solidaridad entre las naciones, con toda las felices consecuencias económicas que de ella resultan, ha sido roto.
La idea ilusoria de vencedores y vencidos destruye la confianza de nación a nación y, con ello, la economía del mundo. Nuestro pueblo se halla sumido en la más espantosa miseria. A los millones de sin trabajo y hambrientos del proletariado industrial, sigue la ruina de toda la clase media y de los pequeños industriales y comerciantes. Si esta decadencia llega a apoderarse también por completo de la clase campesina, la magnitud de la catástrofe será incalculable. No se tratará entonces únicamente de la ruina de un Estado, sino de la pérdida de un conjunto de los más altos bienes de la cultura y la civilización, acumulados en el curso de dos milenios.
Amenazadores surgen en torno a nosotros los signos que anuncian la consumación de esta decadencia. En un esfuerzo supremo de voluntad y de violencia trata el comunismo, con sus métodos inadecuados, de envenenar y disolver definitivamente el espíritu del pueblo, desarraigado y perturbado ya en lo más íntimo de su ser, para llevarlo de este modo a tiempos que, comparados con las promesas de los actuales predicadores comunistas, habrían de resultar mucho peores todavía que no lo fue la época que acabamos de atravesar en relación con las promesas de los mismos apóstoles en 1918.
Empezando por la familia y hasta llegar a los eternos fundamentos de nuestra moral y de nuestra fe, pasando por los conceptos de honor y fidelidad, pueblo y patria, cultura y riqueza, nada hay que sea  respetado por esta idea exclusivamente  negativa y destructora. 14 años de marxismo han llevado a Alemania a la ruina. Un año de bolchevismo significaría su destrucción. Los centros de cultura más ricos y más ilustres del mundo quedarían convertidos en un caos. Los males mismos de los últimos 15 años no podrían ser comparados con la desolación de una Europa en cuyo corazón hubiese sido levantada la barbarie roja de la destrucción. Los millares de heridos, los incontables muertos que esta guerra interior han costado hasta hoy a Alemania, pueden ser considerados como el relámpago que presagia la tormenta cercana.
En estas horas de preocupación dominante por la existencia y el porvenir de la nación alemana, nosotros, los hombres de los partidos y las ligas nacionales, hemos recibido el llamamiento del anciano jefe de nuestros ejércitos en la guerra mundial, para que, una vez más, en el hogar de la patria ahora, como antes en el frente, nos aprestáramos a luchar bajo sus órdenes por la salvación del Reich. Al sellar para este fin con nuestras manos una alianza común, respondiendo a la generosa iniciativa del Presidente del Reich, hacemos como jefes de la Nación, ante Dios, ante nuestras conciencias y ante nuestro pueblo, la promesa de cumplir con decisión y perseverancia la misión que en el Gobierno Nacional nos ha sido confiada.
La herencia que recogemos es terrible. La tarea que hemos de acometer en busca de una solución es la más difícil que, de memoria humana, ha sido impuesta a hombres de estado alemanes. La confianza que a todos nos inspira es, no obstante, ilimitada: porque tenemos fe en nuestro pueblo y en los valores imperecederos que atesora. Campesinos, obreros y burgueses, han de aportar conjuntamente las piedras necesarias para la edificación del nuevo Reich.
El Gobierno Nacional considerará, por tanto, como su primera y principal misión, el restablecimiento de la unidad en el espíritu y en la voluntad de nuestro pueblo. Vigilará y defenderá los cimientos en que se funda la fuerza de nuestra nación. El cristianismo, como base de nuestra moral, y la familia, como célula germinal del pueblo y del estado, gozarán de su protección más decidida. Por encima de todas las clases y estamentos se propone devolver a nuestro pueblo la conciencia de su unidad nacional y política y de los deberes que de ella se derivan. Quiere hacer del respeto a nuestro gran pasado y del orgullo por nuestras viejas tradiciones la base para la educación  de la juventud alemana. Con ello declara una guerra sin cuartel al nihilismo espiritual, cultural y político. Alemania no debe ni quiere hundirse en el comunismo anarquista.
En lugar de los instintos turbulentos se propone el Gobierno elevar de nuevo la disciplina nacional a la categoría de elemento rector de nuestra vida. Al hacerlo así prestará el Gobierno su máxima atención a todas aquellas instituciones que son los verdaderos baluartes de la fuerza y de la energía nacionales.
El Gobierno Nacional resolverá el gran problema de la reorganización económica de nuestro pueblo por medio de dos grandes planes cuadrienales:
Protección eficaz a la clase campesina como medio para mantener la base de la subsistencia material y, con ello, de la vida misma de la nación.
Protección eficaz a los obreros alemanes por medio de una campaña enérgica y general contra el paro forzoso.
En 14 años los partidos de la revolución de noviembre han arruinado a la clase campesina alemana.
En 14 años han creado un ejército de millones de obreros en paro forzoso.
El Gobierno Nacional llevará a cabo con férrea decisión e infatigable constancia el plan siguiente:
Dentro de cuatro años el campesino alemán debe haber sido arrancado de la miseria.
Dentro de cuatro años el paro forzoso debe haber sido definitivamente vencido.
Con ello han de producirse, al propio tiempo, las condiciones previas para el florecimiento de las demás actividades económicas.
A la par que esta tarea gigantesca de saneamiento de nuestra economía, el Gobierno Nacional acometerá el saneamiento del Reich, de los estados autónomos y de los municipios, en su administración y su sistema tributario.
Únicamente así llegará a ser una realidad de carne y hueso el mantenimiento del Reich sobre la base del principio federativo.
La colonización interior y el servicio obligatorio de prestaciones de trabajo al Estado figuran entre  los pilares básicos de este programa.
Pero la preocupación por el pan cotidiano irá también acompañada del cumplimiento de los deberes sociales en los casos de enfermedad y de vejez.
En la economía de la administración, el fomento del trabajo, la protección a nuestra clase campesina, así como en el aprovechamiento de las iniciativas individuales reside al propio tiempo la mejor garantía para evitar cualquier experimento que pueda poner en peligro nuestra moneda.
En política exterior, entenderá el Gobierno Nacional que su principal misión consiste en la defensa de los derechos vitales de nuestro pueblo, unida a la reconquista de su libertad. Dispuesto a acabar con la situación caótica que Alemania atraviesa, contribuirá con ello a incorporar en la comunidad de las naciones, un Estado de igual valor que los demás, pero al mismo tiempo también con iguales derechos. El Gobierno se siente a este respecto animado por la grandeza del deber que le incumbe de contribuir en nombre de este pueblo libre e igual a los demás, al mantenimiento y consolidación de una paz que el mundo necesita hoy más que nunca.
Con decisión y fieles a nuestro juramento queremos acudir directamente al pueblo alemán, vista la incapacidad del actual Reichstag para hacerlo, al objeto de que nos preste su apoyo en la tarea que nos proponemos realizar.
Al llamarnos, el Presidente del Reich, Mariscal von Hindemburg, nos ha dado la orden de ofrecer a la nación, con nuestra unanimidad, la posibilidad de rehacerse.
Apelamos, por consiguiente, al pueblo alemán para que venga a refrendar, con su propia firma, este acto de consolidación.
El Gobierno del levantamiento nacional quiere trabajar y trabajará.
Los 14 años de ruina nacional no son obra suya. Quiere, al contrario, volver a llevar la nación alemana por caminos ascensionales.
Está decidido a reparar en 4 años los daños que durante 14 han sido causados.
Pero lo que el Gobierno no puede hacer es someter esta labor de regeneración a la aprobación de aquellos que provocaron la catástrofe.
Los partidos marxistas y sus colaboradores han dispuesto de 14 años para poner a prueba sus capacidades.
El resultado es un campo de ruinas.
Pedimos ahora al pueblo alemán que nos conceda un plazo de cuatro años antes de juzgar y de juzgarnos.
Fieles a la orden del Mariscal estamos dispuestos a comenzar la labor.
Quiera Dios conceder su gracia a nuestra obra, orientar rectamente nuestra voluntad, bendecir nuestras intenciones y colmarnos con la confianza de nuestro pueblo. ¡No combatimos en nuestro interés propio, sino por Alemania!
El Gobierno del Reich.
Adolf Hitler, von Papen, Freiherr von Neurath, Dr. Frick, Graf Schwerin von Krosigk, Dr. Hugenberg, Seldte, Dr. Günther, von Blomberg, Eltz von Rübenach, Hermann Göring.

jueves, 2 de noviembre de 2017

TAOISMO

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El taoísmo es una "Via Espiritual" milenaria, genuinamente china, que esta formada principalmente por dos corrientes de diferente indole:
Filosofica, cuyo fundador se considera que fue Lao Tse, al que se le atribuye la creación del Tao Te Ching, texto donde se sientan las bases de esta doctrina, y que tambien cuenta con otros representantes como Chuang Tse, y Lieh Tse. Su objetivo es la union mistica con el Tao. (Trataremos esto con mas detalle mas adelante).

Religiosa, que a grandes rasgos busca la inmortalidad, y que esta formada por varias escuelas como la Escuela de las cinco Fanegas de arroz

Los testimonios mas antiguos conocidos del pensamiento chino, se remontan a la civilización Shang, consistentes en incripciones sobre huesos o caparazondes de tortugas con fines adivinatorios.
Se cuenta que hace unos 5000 años, existio uno de los mas grandes chamanes chinos (Wu), llamado Yu. A parte de otros muchos prodigios, este chaman creo el "paso de Yu", una poderosa danda que lo transportaba al cielo, y que muchos siglos despues, aun ejecutan los practicantes de las artes marciales internas, y ademas, encontro una tortuga que llevaba sobre su concha el pa-k'ua del Cielo Posterior, el cual describe la naturaleza del flujo y el cambio del universo, base de las ciencias adivinatorias posteriores.
Estos chamanes tenian varios deberes, como:
  • Invitaciones a los espiritus
  • Interpretaciones de sueños
  • Lectura de presagios
  • Provocación de lluvias
  • Curaciones
  • Adivinación celeste
Con el tiempo, el chamanismo cayo en desuso en la dinastia Chou, aunque muchos de los talismanes y practicas de esta epoca, se incorporaron a la magia taoísta.

Periodo Clasico (700 - 200 a.C.)

En esta epoca, el Duque Zhou estructuro un sistema filosofico-moral basado en el regimen esclavista, cuyo fin era garantizar el sistema de jerarquias, y que sirvio para el desarrollo de la dilosofia confucianaLos testimonios mas antiguos conocidos del pensamiento chino, se remontan a la civilización Shang, consistentes en incripciones sobre huesos o caparazondes de tortugas con fines adivinatorios.
Se cuenta que hace unos 5000 años, existio uno de los mas grandes chamanes chinos (Wu), llamado Yu. A parte de otros muchos prodigios, este chaman creo el "paso de Yu", una poderosa danda que lo transportaba al cielo, y que muchos siglos despues, aun ejecutan los practicantes de las artes marciales internas, y ademas, encontro una tortuga que llevaba sobre su concha el pa-k'ua del Cielo Posterior, el cual describe la naturaleza del flujo y el cambio del universo, base de las ciencias adivinatorias posteriores.
Estos chamanes tenian varios deberes, como:
  • Invitaciones a los espiritus
  • Interpretaciones de sueños
  • Lectura de presagios
  • Provocación de lluvias
  • Curaciones
  • Adivinación celeste
Con el tiempo, el chamanismo cayo en desuso en la dinastia Chou, aunque muchos de los talismanes y practicas de esta epoca, se incorporaron a la magia taoísta.

MONUMENTO AL OVNI DE ANGELHOM

 monumento al OVNI de Ängelholm es un altar dedicado en un supuesto OVNI que aterrizó en Kronoskogen, un barrio de Ängelholm, en Suecia. Es el único altar de esta clase en Europa, excepto por el monumento al OVNI de Emilcin en Emilcin, Polonia. Se erigió en 1963, situado en un claro en los bosques que rodean a Kronoskogen, que ha presenciado numerosos "vuelos de prueba a gran escala" en aquella época.1​ El monumento al OVNI de Ängelholm recuerda el aterrizaje de un OVNI, que se dice, tuvo lugar en 18 de mayo de 1946 y que fue visto por el jugador sueco de hockey sobre hielo Gösta Carlsson. El monumento consiste en una reproducción a escala del aparato y las huellas dejadas por el aterrizaje, construidos de cemento.
Clas Svahn, presidente de UFO-Sverige, ha investigado el caso y ha escrito un libro junto a Gösta Carlsson sobre el incidente. Según él, no había pruebas convincentes de que dicho evento aconteció de la manera que la relató Gösta Carlsson.

MENSAJE DE ARECIBO

El mensaje de Arecibo es un mensaje de radio enviado al espacio desde el radiotelescopio de Arecibo el 16 de noviembre de 1974 (hace 42 años) para conmemorar la remodelación del radiotelescopio. El mensaje tenía una longitud de 1679 bits y fue enviado en la dirección del cúmulo de estrellas (Cúmulo Globular) llamado M13 (objeto nº 13 del Catálogo Messier de objetos celestes). Este objeto celeste, situado en la dirección de la constelación de Hércules, a una distancia de unos 25 000 años luz está formado por unas 400 000 estrellas. El mensaje contiene información sobre la situación del Sistema Solar, de nuestro planeta y del humano. El mensaje fue diseñado por Frank Drake, Carl Sagan y otros.1​
El número 1679 fue elegido porque es el producto de dos números primos y por lo tanto sólo se puede descomponer en 23 filas y 73 columnas o 23 columnas y 73 filas, de forma que quien lo lea decida organizar los datos en forma de cuadrilátero. Hay 8 posibles configuraciones (las 8 simetrías de un mismo patrón) que muestran un dibujo no aleatorio. De esas 8 configuraciones sólo la información organizada de la segunda manera (23 columnas y 73 filas), con los unos y ceros ordenados de izquierda a derecha y de arriba abajo genera información coherente. Es información sobre la Tierra y la especie humana. En realidad, con los unos y ceros ordenados de derecha a izquierda y de arriba abajo se obtiene la misma información. Cualquiera de las dos configuraciones contiene información coherente.
Para descifrar el mensaje antes hay que identificar los unos que son separaciones de información y los ceros que son fondo del dibujo. Es decir; hay que separar los unos y ceros que forman parte de números (en binario) de los unos y ceros que no forman parte de números.
Leído de izquierda a derecha (la imagen incluida en este artículo está invertida con respecto al mensaje original), presenta los números del uno al diez, los números atómicos del hidrógeno, carbono, nitrógeno, oxígeno y fósforo (componentes del ADN del homo sapiens sapiens, la especie que envía el mensaje); las fórmulas de los azúcares y bases en los nucleótidos del ADN; el número de nucleótidos en el ADN y su estructura helicoidal doble; la figura de un ser humano y su altura; la población de la Tierra; el Sistema Solar; y una imagen del radiotelescopio de Arecibo con su diámetro.
Debido a que al mensaje tardará unos 25 milenios en llegar a su destino (y una hipotética respuesta otros 25), el mensaje de Arecibo fue más una demostración de los logros tecnológicos humanos que un intento real de establecer conversación con extraterrestres

LAS 4 ZOAS


The Four Zoas

El visionario artista William Blake entendió este conocimiento a través de sus propias percepciones de los "cuatro cuerpos" que constituyen la forma divina, en su obra Los cuatro Zoas
Este círculo se puede dividir en cuatro aspectos, o lo que muchos visionarios han llamado los cuatro "sentidos eternos" de la humanidad. Cuando consideramos símbolos y conocimientos antiguos como el círculo, tienden a tener un tema común en muchas culturas. El número cuatro constituye los puntos cardinales básicos y el poder de un círculo y esto se relaciona con las cuatro estaciones, direcciones, elementos y edades del zodíaco y las razas primarias aquí en la Tierra. El poder del círculo y el antiguo conocimiento contenido en él, traza cuatro cuerpos que conforman un sistema cíclico individual. Este sistema interno se propone explicar cómo el alma se pone una prenda (un cuerpo físico) para experimentar el mundo físico. De acuerdo con nuestra posición sobre el círculo (o rueda de la vida), nos conectamos con los ciclos naturales (orgánicos) de la Tierra, que ofrecen experiencias para el desarrollo espiritual.

Los cuatro cuerpos diferentes (que constituyen quiénes somos) han sido descritos por muchos visionarios, como los siguientes:

El cuerpo espiritual / mundo creativo relacionado con la imaginación y la intuición.

El cuerpo astral / mundo arquetípico preocupado por las emociones y los sentimientos.

El cuerpo físico / mundo formativo relacionado con la estructura y la sensación


El cuerpo mental / mundo material relacionado con los pensamientos y la razón.

EL CIRCULO DE LOS GNÓSTICOS



Las imágenes gnósticas a continuación vieron esto como la naturaleza de la chispa Divina y Divina dentro de la humanidad. Las 16 figuras gnósticas que rodean el fuego central se convierten en el Círculo Interior. El acercamiento gnóstico al círculo ve lo que llamaron a Dios como una fuerza andrógina, tanto masculina como femenina, y "que todo lo contiene" oa veces "incontenible". También se lo conocía como la Mónada, o el primer Eón, representado como un circulo

El uso gnóstico de dieciséis figuras (números) para crear una Chispa Divina es matemáticamente obvio, ya que también se relaciona con los marcadores "cuatro por cuatro" en el Círculo o Rueda de la vida, que es algo que abordaré en breve. Dos figuras de 8 (16) también dan el símbolo de doble infinito, que nos da la idea de posibilidades ilimitadas, un recordatorio hermoso y autoritario de la medida eterna. Doble Infinito Simboliza la idea de combinar dos infinitos eternos, para crear iguales 'posibilidades ilimitadas'.Curiosamente, la decimosexta carta del Tarot, la Torre, nos pide 'reflexionar' sobre lo que sucede cuando nos escondemos de la verdad (nuestra verdad) y nos rehusamos a enfrentar la fachada que a menudo llamamos vida cotidiana. Justo cuando somos cada vez más conscientes de cuánto estamos traicionando a nuestro verdadero yo, simbólicamente comenzamos a dar la bienvenida al 'rayo' en la carta del tarot, que destruye la fachada. El 'llamado del círculo', o el uso de un círculo en un sentido ceremonial, puede romper las ilusiones personales para aquellos que participan en su poder.