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lunes, 2 de abril de 2018

LOS GOLPES Y LA DOMINACIÓN DE ESPECTRO COMPLETO SOBRE AMERICA

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Nuevos aires cargados de viejos hábitos soplan sobre los territorios de Latinoamérica y el Caribe. La vocación hegemónica y su permanente necesidad de renovarse y reafirmarse trae consigo una cartera de elementos de seducción, disuasión o represión que pueden ser usados aislada o simultáneamente y que ofrecen la posibilidad de combinaciones muy diversas, versátiles y siempre, eso sí, con el mismo propósito: en ocasiones explícito y las más de las veces encubierto detrás de velos insostenibles como el de la restauración de la democracia.
Durante el siglo XXI hemos visto reaparecer las figuras autoritarias de tiempos pasados pero con una esencia distinta. El capitalismo de este nuevo siglo llegó con ímpetus renovados pero con características diferentes. Se modificaron sus condiciones materiales tanto como sus modos y sentidos. Las materias primas de ayer pierden hoy relevancia frente a nuevos materiales; las tecnologías invaden nuevos espacios y usan otros caminos; las comunicaciones ocupan todos los ámbitos y descubren formas y vehículos; los sentidos de realidad en su conjunto se transforman y se enajenan a través de nuevos mecanismos.
En términos de concepción hay cambios muy notorios, correspondientes a las modalidades capitalistas del siglo XXI, un momento en que los estados a la vez se refuerzan y se disuelven, pero sobre todo se rediseñan; en que los territorios se redefinen de acuerdo con los nuevos sentidos cohesionadores y con los nuevos imperativos materiales; en que la sociedad transforma desde la ofensiva del poder ética y estética; en que los valores materiales, sociales, culturales, políticos y simbólicos son violentados por los mismos poderes que anteriormente los crearon, en su versión dominante y dominadora.
El nuevo campo de batalla
1. Quizá el elemento más relevante ha sido el cambio en la idea de la guerra y sus propósitos. Si hasta ahora hemos estado acostumbrados a medir las guerras por sus ganadores y perdedores, hoy tendremos que adecuarnos a las guerras infinitas. Esas guerras indefinidas que buscan mantener los territoriosen situación de guerra porque ya no son el medio sino el fin. Es la situación de guerra la que proporciona los beneficios: da paso al saqueo, estimula una variedad de negocios (armas, drogas, alimentos, trata de personas, mercenarismo y muchos otros) y permite un control sobre las poblaciones no legitimado porque se ejerce en condiciones de excepción.
2. Un segundo elemento significativamente distinto se refiere a la concepción del enemigo. El enemigo en verdad es, en este siglo XXI, la otredad bajo cualquiera de sus formas. Y el otro, por virtud de la competencia y el correspondiente imaginario de campo de batalla que la acompaña, debe ser dominado o negado; convertido en –o tratado como- objeto. Pasible de ser manipulado, usado, pero también deshechado. El otro que aparece por todos y cualquier rincón como ocurrió en Vietnam, como ocurre dondequiera que hay un pueblo en resistencia, es asimilable al estatus de virus. Un virus es relativamente invisible, imperceptible e incomprensible, salvo cuando incomoda; un virus es, como los humanos-masa, útil pero despreciable, dañino cuando rebasa cierta dimensión o cuando la emprende por su cuenta. Debe ser controlado “por el bien de la humanidad”, aunque en este caso justamente forme parte de esa humanidad.
3. La idea central que conduce a entender de una manera muy distinta el campo de batalla, que a la vez es un equivalente del mercado, se refiere al problema de la incompletud, que acompaña todos los procesos vitales, pero que debe ser superada, desde la perspectiva del poder, para evitar porosidades que lo pongan en peligro. Tarea imposible pero a la que se le dedican esfuerzos ingentes: tecnología abrumadora y avasalladora; investigaciones de psicología y de comportamiento de sistemas complejos; técnicas de convencimiento, envilecimiento, disuasión o parálisis; cálculos de equilibrios asimétricos; investigaciones (y prácticas) culturales, lingüísticas, antropológicas y similares que propicien el sometimiento; fabricación unilateral y universalización de sentidos “comunes” a través de los medios masivos de comunicación, de los contenidos de la educación, de las orientaciones de la ciencia y otros vehículos del mismo carácter.
4. El concepto de dominación de espectro completo ha sido la clave de transformación en el arte de la guerra y orienta sus modalidades prácticas. Es un concepto complejo que se actualiza mediante la experiencia cotidiana de la guerra en todos sus distintos escenarios y mediante el estudio del comportamiento humano, e incluso del de todas las formas de vida que concurren en cada uno de ellos.
Uno de sus aprendizajes, muy evidente en las disputas por la territorialidad en la actualidad, es el de la aplicación simultánea y sin tregua de mecanismos variados que tiendan a confundir y a la vez a producir resultados combinados mientras agotan, en principio, las fuerzas físicas y morales del enemigo (Ver, a este respecto, el acoso a Venezuela desde febrero de 2014).
Con la idea orientadora de “no dejar resquicio al enemigo”, ningún espacio de resguardo, ni un momento para tomar aliento, se han puesto en práctica un conjunto de elementos de los que yo distingo tres que combinados tienen un efecto explosivo: avasallamiento, simultaneidad, impunidad.
Avasallamiento . Cuando el enemigo es concebido como una fuerza invisible o difícil de reconocer porque se pierde en esa masa de seres a los que nunca se les había puesto casi atención porque se les consideraba demasiado pequeños e irrelevantes, el procedimiento se inclina por lo que podría considerarse una purga general, relacionada con las tareas de prevención y disuación pero con propósitos de más larga duración. Este mecanismo consiste en evitar que la asimetría se convierta en vulnerabilidad aplicando una fuerza sobredimensionada, desproporcionada, con carácter arrasador.
Simultaneidad . El mejor medio para desgastar al enemigo es atacarlo sin tregua por todos lados al mismo tiempo; como un ataque de un enjambre de avispas. Con esta idea, se aplican simultáneamente mecanismos desestabilizadores o directamente de ataque en todos los ámbitos de la vida social. Desde casos como el mexicano en que se aprobaron en cascada reformas antipopulares (laboral, fiscal, de control de comunicaciones, educativa y energética) que generaron confusión y respuestas fraccionadas y que transformaron sustancialmente y de golpe las relaciones laborales, las pautas educativas, el patrimonio de la nación (del pueblo de México), los niveles salariales y de imposición, la vigilancia o intromisión en la vida privada y los márgenes de maniobra de la sociedad; hasta procesos directamente de propiciamiento de golpes de estado como el venezolano en que se manejan los imaginarios y sentidos de realidad, se genera violencia y confusión, se introducen operativos de descomposición social, corrupción y soborno, al mismo tiempo que se genera desabasto de bienes básicos, se ataca al gobierno y también a la sociedad.
Es decir, la simultaneidad es el elemento que más claramente permite entender la estrategia de dominación de espectro completo, siempre combinado con la idea de eliminar la porosidad que permita resquicios de recuperación de fuerzas y de sentidos. Es un modo de proceder que puede aplicarse en cualquier ámbito, en ámbitos combinados, en todos a la vez y en cualquier nivel.
Impunidad . El dislocamiento de sentidos y la confusión que de esta manera se crea es potenciada al máximo posible cuando a los referentes formales de justicia y moralidad social se les invalida en la práctica con la ostentación de comportamientos ilegales. La pérdida de referentes sociales garantizadores, de lo que se entiende por estado de derecho, equivale a la construcción de un contexto en el que aparecen como dupla indisoluble el estado de excepción y una tierra de nadie. Crimen, extorsión, corrupción, violaciones al orden establecido, atropello, autoritarismo, vaciamiento de la justicia, del derecho y del respeto social son los componentes del nuevo escenario impuesto unilateralmente. En mayor o en menor escala, la complicidad entre crimen y aparatos de justicia genera condiciones de pérdida de sentidos y de indefensión de la sociedad que entonces es sometida a una dinámica pantanosa en la que se mueve con dificultad y sin tener clara la ruta.
El México del siglo XXI quizá sea uno de los más elocuentes casos de dislocamiento de las reglas del juego y de imposición de una política general de impunidad en el sentido que la hemos referido.
La dominación de espectro completo y los elementos de intervención que hemos destacado, podemos observarlos lo mismo en una escala planetaria, es decir, en calidad de macropolítica, que en escalas locales, con todas las gradaciones y diferencias correspondientes a las especificidades del caso y al momento o grado de intervención que se busca.
Los mecanismos de intervención 
5. En el terreno de los modos y las formas, o de la espacialidad material de la ocupación, también podemos observar cambios significativos.
La primera década del siglo XXI estuvo marcada por un nuevo despliegue de instalaciones militares estadounidenses en algunos puntos estratégicos del territorio latinoamericano y caribeño. El efecto fue doble. Por un lado, siguiendo con la pauta del avasallamiento, la excesiva presencia militar con altas tecnologías y capacidades de respuesta tuvo un impacto intimidante y disuasivo; por otro lado realmente mostraba la dimensión del potencial enfrentamiento y el margen de irradiación casi instantánea de la fuerza estadounidense y sus aliados. El despliegue y reposicionamiento de las fuerzas estadounidenses en la zona durante estos años, que en principio las tenían distraidas en Medio Oriente y Asia Central, es impresionante (ver mapa).
El estilo de instalaciones que se han promovido a partir de 2013 ya es distinto; tiene un perfil más discreto (ver artículo de Sandy Ramírez). El propósito no es tanto intimidatorio sino totalmente funcional; se busca el entrenamiento y homogeneización de códigos en la lucha contra “contingencias” de estilos variados como las de posibles sublevaciones urbanas (particularmente para Chile pero con alcance general), trastornos ambientales, y situaciones de “ingobernabilidad” entre las que está el rechazo de la minería a cielo abierto, a la construcción de una carretera en medio de la selva, de una hidroeléctrica o simplemente la disputa por el sentido y posesión de un territorio. Es decir, prepara el terreno para acciones “especiales” y puntuales forjando los cuerpos de élite.
6. La presencia militar directa, o incluso la policiaco-militar, generan suspicacias y rechazo entre las poblaciones. Por ello son acompañadas por múltiples mecanismos de entrelazamiento con la población que aparecen como ajenos a la esfera militar, entre los que destacan los programas de la USAID. Aportando dinero,asesoría, apoyo tecnológico, capacitación o cuestiones similares, USAID, nacida en el marco de las políticas anticomunistas de la Alianza para el Progreso en 1961, que buscaban eliminar la influencia de la revolución cubana en otros países del continente (cuyo correlato fue el bloqueo económico a Cuba), ha tenido una historia muy claramente vinculada a los golpes militares de las décadas de los 60 y 70 del siglo XX. En los años posteriores a las dictaduras militares su presencia se hizo más notoria en la región centroamericana, marcada por las guerras, y en la actualidad se extiende visiblemente en países que desde la visión hegemónica resultan estratégicos como Haití, Colombia, México, Guatemala y Honduras, a quienes se les ha otorgado un financiamiento de 1,224; 582; 290; 217; y 212 millones de dólares respectivamente en sólo 3 años, de 2010 a 2012.
De 1990 a 2003 Perú, Bolivia y Colombia (2,753; 2,333; y 2,190 millones de dólares respectivamente), considerados el brazo sur del plan Colombia, fueron los países que mayores financiamientos recibieron. Les siguieron de cerca El Salvador, Nicaragua y Honduras (con 1,923; 1,414; 1,116), relacionados con el control del área del Gran Caribe y con las rutas de narcóticos y de migrantes. En la década de los 80, marcada por las guerras en Centroamérica, solo El Salvador recibió 4.047 millones de dólares. [1]
Lo mismo sucede con agencias como la DEA, que no sólo tienen paso por todo el continente sino que también son portadoras de políticas de ocupación en países o sitios estratégicos. Durante 2008-2014 el presupuesto destinado al CARSI (Iniciativa de Seguridad de la Región Centroamericana) es de 665 millones de dólares, cuando el de Colombia (279 en 2013) y el de México (154 en 2013), países centrales en la estrategia de seguridad del continente, resulta ser moderado frente a este monto que se justifica por la “…transferencia de 1,388 mil millones de dólares en equipo electrónico de uso exclusivamente militar, parte del cual es expresamente para uso del propio personal estadounidense en Honduras. Se tendrá ahí posiblemente uno de los mayores centros de información y telecomunicaciones del Continente.” [2]
El avance discreto a través de estos mecanismos puede ser considerado de alto riesgo -combinado con el avance explícito de la década anterior obviamente-, pues permite una penetración más sutil, más profunda, más inadvertida y más consistente, creando complicidades a la vez que condiciones de disciplinamiento o de intervención.
Socavar para intervenir desde el fondo
7. Lo que resulta significativo es que la intervención con vestido de economía no cesa de ocurrir y extenderse mientras las otras tienen comportamientos más erráticos. Las relaciones entre los estados pueden deteriorarse mientras calladamente las inversiones mineras, petroleras o similares siguen encontrando recovecos por donde extraer hasta el último gramo de los ricos yacimientos latinoamericanos. La economía de rapiña, en connivencia con las oligarquías locales, recuerda permanentemente la época de la (primera) Conquista. La voracidad del capital es hoy, tanto como los mecanismos de disciplinamiento y control, avasalladora, simultánea e impune. Al menor descuido ocupa espacios y vacía y transforma territorios.
Chevron, Anglo Gold, Repsol, Halliburton, Barrick Gold, Monsanto, Cargill y algunas otras, son tan dañinas como las bases militares y los dispositivos de disciplinamiento. Son tan depredadoras como las acciones militares. Son también fuerzas de ocupación, saqueo y desolación.
Es por eso que las luchas crecen y revientan por todos los rincones. Es por eso que los operativos de desestabilización se multiplican. Es por eso que el proceso de militarización no puede detenerse, como no logren detenerlo los pueblos.
Las geografías del poder 
8. La geografía del área de seguridad de Estados Unidos en el continente también se ha transformado. De la primera década del siglo XXI con un centro asegurado en Colombia, hoy se ha extendido, a manera de derrame, hacia Perú y Paraguay en el sur y hacia Centroamérica y México en el norte, formando auténticamente un corredor geográfico de aseguramiento y garantía hegemónica. Las políticas y métodos aplicados en Colombia; los procesos de desestructuración comunitaria y arrasamiento físico; las imposiciones de lógicas económicas saqueadoras y devastadoras como las del monocultivo, ya sea de palma, caña, café, soya o cualquier otro cultivo de rentabilidad garantizada en el mercado mundial; la minería a cielo abierto, con mercados inmediatos en el exterior; los desplazamientos de población; la violencia a la vez selectiva e inespecífica; todos estos elementos, acompañados de cambios en la normatividad nacional e internacional, los códigos penales y civiles y en general los usos y costumbres, han transitado territorialmente hasta crear un corredor securitizado y productor de commodities que atraviesa América a lo largo desde una punta hasta la otra. Corredor que marca una línea divisoria entre los países agrupados en el ALBA o las organizaciones regionales en resistencia frente a las políticas hegemónicas, y marca la ruta de la Alianza del Pacífico o del Tratado Transpacífico que hace recordar al legendario ALCA pero reforzado con una coraza militarizada. Como dijera Colin Powell, no tiene caso hacer acuerdos de libre comercio si no se garantiza y se acoraza antes la ruta con acuerdos de seguridad.
Hoy, sin embargo, aun en estas circunstancias, los pueblos se aferran a la vida y encuentran formas de restablecer los resquicios, los enjambres y las urdimbres comunitarias. A pesar del miedo; a pesar del dolor; o justamente por eso.
* Artículo publicado en la revista América Latina en Movimiento, No. 495 (mayo 2014) con el título “Reordenando el continente”.http://www.alainet.org/publica/495.phtml
Desde 1998-2000, después de una revisión amplia y exhaustiva de los asuntos militares en los 50 años anteriores y con vistas a la planeación estratégica correspondiente a los desafíos, amenazas y condiciones del siglo por venir, el Comando Conjunto de Estados Unidos emite un documento conceptual que resume experiencias, objetivos, riesgos, capacidades y saberes, todos encaminados al rediseño de las rutas, mecanismos y variantes de la consolidación de Estados Unidos como el líder indispensable, como la potencia hegemónica indiscutible (Joint, 1998 y 2000).
Diferentes voceros del Departamento de Estado y del de Defensa señalan que se trata de un momento de oportunidad histórica, en buena medida por el colapso del campo socialista, en el que Estados Unidos tiene la posibilidad y las condiciones para constituirse cabalmente en líder planetario y anuncian su plan estratégico para asegurarse que así sea.
El reparto y supervisión del mundo
Se vuelve a establecer la delimitación territorial del planeta en cinco regiones que en total lo abarcan todo y que en ese momento se reafirman bajo la supervisión de cinco diferentes Comandos de las fuerzas armadas de Estados Unidos. [3] Un poco de tiempo después, en 2001 después de los eventos de las Torres Gemelas en Nueva York, se agregaría el Comando Norte a cargo directamente de una seguridad interna que abarca no sólo su propio territorio sino toda el área de América del Norte. Cabe señalar que al paso de una década se cuenta ya con nueve Comandos, [4] garantizando una supervisión más detallada de las tierras, mares, glaciares y poblaciones que componen el planeta Tierra en su conjunto.
La geografía del disciplinamiento global
Equipos de especialistas a su vez, trabajaron en la identificación de problemáticas diferenciadas en el campo del disciplinamiento en términos geopolíticos y aportaron una caracterización que distingue tres grandes regiones (Barnett, 2004), hacia las que se diseñan políticas diferentes:
1. Los aliados. El área desarrollada agrupada en organismos de gestión internacional y comprometida en el establecimiento y cumplimiento de las normativas que aseguran la marcha del sistema y el respeto y resguardo de la propiedad privada.
2. El área de riesgo o ingobernable. Un amplio grupo de países e incluso de zonas marinas que es reconocido como “brecha crítica” en el que siempre hay riesgo de colapsos, de insubordinación frente a las reglas establecidas por los organismos internacionales como la Organización Mundial de Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, rebeliones frente al modo de gestionar las controversias entre Estados y empresas transnacionales (ETN) en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI), de indisciplina en términos de gobernabilidad, etc. Se señala ésta como una región conflictiva, parcialmente ingobernable y susceptible de poner en riesgo a las áreas aledañas a la manera de ampliación de la zona podrida o que puede poner en riesgo de colapso al sistema mundial, aunque no fuera más que circunstancialmente. Por tanto, es una región que debe concitar la mayor atención y debe mantenerse bajo supervisión e incluso, si es el caso, intervención oportuna y eficiente. Esta es la región de mayor tamaño entre las tres identificadas y es la que guarda la mayor cantidad de riquezas de la Tierra: el cinturón biodiverso, las aguas, petróleo y otros energéticos, minerales y culturas.
3. La bisagra. Es una región importante en sí misma tanto políticamente como por sus riquezas pero se le ubica como el eslabón o punta de lanza en el convencimiento o recuperación de los países de la brecha crítica. La componen países semidesarrollados o emergentes, como se suele caracterizar, respetuosos de las reglas del juego aunque en ocasiones con dificultades para seguirle el paso a las políticas internacionales (casos de renegociaciones de deudas o similares), pero interesados en mantenerse dentro de las dinámicas de lo establecido. Con los países de esta región es posible confiar en acuerdos diplomáticos, políticos y económicos sin necesidad de intervenirlos directamente mediante la fuerza. De diferentes maneras todos tienen un peso regional definitivo y serían capaces de hacer transitar las normatividades globales a través de adecuaciones, canales y compromisos de nivel regional. Entre los países de esta franja se encuentran Brasil, Argentina, India, Sudáfrica, Rusia y China.
La sociopolítica del disciplinamiento global
La idea central de las guerras del siglo XXI es la del manejo de la asimetría, una vez roto el equilibrio de poderes con el colapso del campo socialista. La construcción del enemigo se desliza de los entes institucionales a los inespecíficos, creando un imaginario de guerra ciega.
El enemigo identificable o convencional disminuye su status al de amenaza regional y por ahí pasarán Irak, Libia, Irán y Venezuela, cada uno entendido como potencial cabeza de región, así como cualquier tipo de coalición en la que estos participen (ALBA, OPEP, Petrocaribe, etc.). Es siempre un polo articulador de poderes alternativos u hostiles a Estados Unidos y su american way of life convertido en política internacional. Para este enemigo la respuesta es el aislamiento y la demonización, o la aplicación de una fuerza sobredimensionada para destruirlo y, sobre todo, humillarlo. El caso prototipo es el de la operación en Irak.
El enemigo no institucional es difuso, relativamente invisible, ajeno a las reglas de las confrontaciones de poderes y en cierto sentido indescifrable. Es, desde un vietnamita aparentemente inofensivo al que sólo se le ve el sombrero y nunca la cara, hasta mujeres y niños de una comunidad que se inconforman con la construcción de una represa generadora de energía eléctrica, o masa urbana en contra de la elevación del precio del transporte, de quienes se piensa que pueden poner una bomba, fabricar armas químicas o biológicas en laboratorios caseros, o que pueden movilizar amplios contingentes para oponerse a las políticas y proyectos hegemónicos. El peligro llega hasta el grado de que estos pequeños e insignificantes enemigos, que aparecen en cualquier rincón o se cuelan por cualquier agujero, pueden poner en riesgo el sistema mismo. Por eso se busca atacarlos antes de que se coloquen en posición de fuerza disuadiendo lo que resulte sospechoso de convertirse en tal enemigo. Tapar todos los poros y no dejar resquicio al enemigo dice el misal militar estadounidense (Joint, 1998).
Dominación de espectro completo
El mapa conceptual estratégico del sujeto hegemónico se construyó, como decíamos, en torno a la idea de aprovechar, o no perder, el momento de oportunidad histórica, evidentemente irrepetible, para la emergencia de Estados Unidos como líder mundial. Sin guerra fría, sin poderes equivalentes que confrontar, aunque con una conflictiva general sumamente compleja y generalizada, Estados Unidos rediseña sus metas, sus espacios, modifica o adecúa sus mecanismos, genera exigencias tecnológicas, recompone los equilibrios entre trabajos de inteligencia, de persuasión y de combate, redefine los puntos críticos y explora los esquemas de aproximación pero sin renunciar en ninguna medida a lo que desde ese momento denomina la “dominación de espectro completo” (Joint, 1998 y 2000).
La mayor novedad de esta concepción estriba en su virtud para articular y dar sentido general único a las estrategias sectoriales, parciales, específicas, temporales y más limitadas que se desplegaban desde diferentes emisores o agentes de la política de seguridad y de búsqueda de la supremacía de Estados Unidos en todos los campos. No se inventó nada nuevo pero se pensó el problema de manera integral y eso cambió los términos y las prioridades.
Se sistematizó, con detalle científico, cada uno de los niveles o espacios del espectro donde pudiera parapetarse un potencial enemigo. Espacio exterior, espacio atmosférico, aguas, superficie terrestre, bajo tierra; espacios públicos y privados que deberían ser penetrados mediante mecanismos panópticos (cámaras en las esquinas, en los bancos y oficinas, chips espías, sistemas de datos centralizados, etc.). Vida cotidiana, vida productiva, pensamiento y acción. Barrios populares con políticas diferenciadas de las de los barrios clase media o clase alta, estratificación competitiva, transporte, dotación de servicios, etc., todos puntos de observación y de manejo de poblaciones.
Con dos objetivos generales: garantizar el mantenimiento del capitalismo y dentro de él la primacía de Estados Unidos; y garantizar la disponibilidad de todas las riquezas del mundo como base material de funcionamiento del sistema, asegurando el mantenimiento de sus jerarquías y dinámicas de poder.[5] En otras palabras, insistiendo, impedir la formación de fuerzas individuales o coligadas capaces de significar un contrapeso al poder de Estados Unidos autoasumido como líder mundial; impedir o disuadir cualquier tipo de insubordinación o rebelión que ponga en riesgo al sistema o los intereses centrales de sus protagonistas principales, entre los que se cuenta la libertad para disponer sin límites de territorios y vidas.
La ambiciosa geografía de esta estrategia de disciplinamiento abarca todo el globo y el espacio exterior, pero, dada la conformación territorial del planeta y la concepción del mundo como campo de batalla, tiene como territorio base, como territorio interno, al Continente Americano.
América Latina en la geopolítica del espectro completo
Considerando el carácter insular del continente, las abundantes y diversas riquezas que contiene y calculando también las limitaciones reales de un Estados Unidos restringido a su propio territorio, América Latina pasa a ser un área estratégica para crear condiciones de invulnerabilidad relativa o, por lo menos, de ventaja del hegemón con respecto a cualquier poder que se pretenda alternativo. De ahí la concepción de la seguridad hemisférica, casi simultánea a la de seguridad nacional, que es una traducción moderna de la doctrina Monroe. Cuidar el territorio para disponer de sus riquezas y para impedir que otros lo hagan (Ceceña, 2001).
Los tres pliegues de la ocupación continental
La hegemonía se construye en el espectro completo, un espectro lleno de pliegues que se superponen y se desdoblan para ir tejiendo la historia. La construcción de hegemonía es así un proceso de alisamiento y combinación de esos pliegues y de formación de nuevas topografías del poder. No basta un resguardo militar si no se abren las compuertas económicas y nada de esto es posible sin la instalación de un imaginario posibilitante. El primer peldaño de la hegemonía consiste en universalizar la visión del mundo, el american way of life, para permitir fluir de manera relativamente ágil las políticas económicas que favorecen la integración hemisférica bajo este manto y los acervos de las más poderosas empresas instaladas sobre el Continente.
Concretamente la hegemonía se manifiesta en la implantación, institucionalmente consensual aunque los pueblos puedan expresar su rechazo, de un conjunto de políticas, proyectos, normas y prácticas mediante las cuáles se organiza el territorio [6] en su conjunto.
Las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, a la luz del rediseño de las estrategias hegemónicas globales, entraron al siglo XXI con cambios profundos. 30 años de neoliberalismo habían permitido erradicar casi totalmente las legislaciones y prácticas proteccionistas y eso propiciaba un tendido mayor de los grandes capitales transnacionales que habían ido apoderándose de los mercados absorbiendo o destruyendo empresas locales. Se requerían nuevas infraestructuras para ir más lejos y, a la vez, nuevas legalidades y disciplinas que legitimaran el despliegue y que controlaran a los inconformes, que se movilizaban crecientemente (Ceceña, Aguilar y Motto, 2007).
1. Alisando el pliegue económico. En 1994 entra en vigor el primer tratado internacional, regional, de libre comercio (Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)), que indicaría las pautas de un ambicioso proyecto de integración continental (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA)), que después de su fracaso circunstancial en 2005 en Mar del Plata ha ido consumándose poco a poco por subregiones. Nuevas normativas para el tránsito de los capitales por encima de cualquier pretensión de soberanía o resguardo del patrimonio nacional, con la protección adicional del Banco Mundial a través del CIADI, en el que en casi todos los casos los estados son derrotados por las empresas particulares.
El entramado de tratados de libre comercio e inversión que se ha urdido sobre el Continente representa un reacomodo total del pliegue económico, hasta hace no tanto acostumbrado a restringir la entrada de capitales extranjeros y a reservar áreas estratégicas como base de sustento de la nación.
Hoy son esos capitales los que ponen las reglas, los que marcan dinámicas, los que corrompen gobiernos y los que se apoderan del territorio.
2. El pliegue territorial. Adicionalmente a las apropiaciones individuales, locales perpetradas directamente por las empresas, en 2000 se lanzan dos proyectos de reorganización territorial buscando una apertura casi total hacia el mercado mundial y una racionalización/ampliación de la producción energética para sustentar el ritmo de crecimiento del Continente: el Plan Puebla Panamá (PPP), ahora Proyecto Mesoamericano y la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA), ahora COSIPLAN-IIRSA. Los más ambiciosos proyectos de infraestructura de que América tenga memoria, concebidos como soporte de una creciente exportación de commodities, en gran medida producidos por las grandes transnacionales de la minería, la madera/celulosa y los energéticos, en simultaneidad con la extensión de las plantaciones de soya, palma y caña de azúcar, entre otras, ya sea para alimentar al ganado, para la generación de biocombustibles o para usos industriales. Se induce con estos megaproyectos una nueva geografía, marcada por canales de comunicación y generación de energía, que irán seguidos de empresas principalmente extractivas y que dibujan un nuevo mapa político interno, con nuevas fronteras y nuevas normatividades.
3. El pliegue militar, irrenunciable ante situaciones generalizadas de despojo y violencia social que concitan diferentes manifestaciones de resistencia y rechazo, se desata con el Plan Colombia, primero de su tipo, que permite una presencia militar de Estados Unidos en el centro de Latinoamérica. A la reorganización de lo económico territorial, que implica ya un dislocamiento de legalidades sobre territorios y pueblos, se suma una iniciativa de huella pesada (heavy footprint) en el terreno militar. La iniciativa, flexible y versátil para adaptarse a los escenarios cambiantes aunque sin perder la ruta estratégica, marca el área latinoamericana y caribeña estableciendo una amplia red de bases militares (Ceceña, Yedra y Barrios, 2009; Ceceña, Barrios, Yedra e Inclán, 2010) y bases de operación antinarcóticos; patrullajes navales crecientes y constantes antes y después de la reconstitución de la IV Flota en 2008; ejercicios conjuntos que van naturalizando la presencia de tropas estadounidenses y homologando criterios entre fuerzas armadas de la zona; una generalización de códigos civiles criminalizantes y de las llamadas leyes antiterroristas que introducen la figura del sospechoso y la tolerancia cero; un conjunto de acuerdos o iniciativas de seguridad subregionales, todas ellas con la participación de Estados Unidos, que dan cobertura al derramamiento del Plan Colombia hacia estas áreas como ya ocurre en México y Centroamérica con la denominada Iniciativa Mérida (Ceceña, 2006 y 2011).
En conjunto, la estrategia hegemónica contempla posicionar capitales, disponer de los recursos más valiosos, multiplicar y abaratar costos con regímenes de outsourcing, implantar cultivos de aprovechamiento industrial, la mayoría de las veces con modos agrícolas altamente predatorios y, en esencia, usar el territorio a su criterio, de acuerdo con sus necesidades e intereses, como espacio propio de fortaleza interna y de defensa frente al resto del mundo. Los mecanismos combinan diplomacia, política, asimetría y fuerza y varían de acuerdo con los desafíos internos y la visión y condiciones globales de lucha por la hegemonía. La pinza está puesta desde lo económico-territorial hasta lo militar, con una ofensiva transversal que circula en el nivel de los imaginarios, los sentidos comunes virtualizados y políticas culturales colonizadoras.
Dónde está América Latina
El siglo XXI ha visto una América Latina y Caribeña rebelde, llena de movimientos descolonizadores en todos los terrenos y de amplitud diversa. Desde movimientos por la construcción de una sociedad postcapitalista, enmarcados dentro de las nociones del mundo en el que caben todos los mundos zapatista hasta la de la vida en plenitud o buen vivir de los pueblos andino-amazónicos, y un conjunto de dislocamientos sociales por la autogestión, la participación directa o la democratización en varios ámbitos, o de movimientos políticos que desde las instancias de gobierno han colocado algunos dispositivos de freno y aun de alternativa al sistema de poder como la creación de espacios de integración con criterios solidarios y no competitivos, la búsqueda de instancias de solución de controversias con capitales depredadores o nocivos, la develación de las deudas odiosas u otros similares.
Poblaciones que se organizan para defender sus costumbres, parafraseando a E. P. Thompson, aparecen por todos lados corroyendo el orden establecido y el que está en proceso de establecimiento. La situación parece la de una guerra sin cuartel en la que los dispositivos de seguridad, a veces precedidos, a veces acompañados por paramilitares, mercenarios, guardias privadas, es decir, por fuerzas armadas ilegales o irregulares, con adscripciones confusas pero con grados de intervención y de impunidad muy elevados, combaten a la población que defiende sus derechos. Oponerse a la explotación de una mina se ha convertido en causa de cárcel mientras matar a los oponentes no tiene ninguna consecuencia.
Atentados desestabilizadores como el golpe de estado en Honduras, la movilización separatista de la media luna en Bolivia, el intento de golpe en Ecuador y todos los que se han puesto en juego en Venezuela, uno tras otro desde hace más de diez años, forman parte ya de la mecánica geopolítica habitual. Se están construyendo procesos de postcapitalismo en un escenario de guerra y hay que estar preparados. La del siglo XXI es una guerra a la vez abierta y encubierta, específica e inespecífica y con modalidades multidimensionales que combinan variantes menos bélicas como los ataques financieros con otras como las de conmoción y pavor.
El escenario latinoamericano y caribeño no parece ser el adecuado para un ataque como el de Irak o Afganistán. En este escenario lo que ha operado, además de la introducción de mercenarios o comandos especiales clandestinos, es una escalada de posicionamientos físicos que han ido cercando las zonas identificadas como estratégicas empezando por el canal de Panamá, bien resguardado de inicio por las posiciones del Plan Colombia a las que ahora se suman muchas otras (mapa 1) (Ceceña, Yedra y Barrios, 2009); la zona del Gran Caribe (mapa 1) (Ceceña, Barrios, Yedra e Inclán, 2010) y la región circundante a la triple frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina (mapa 2) (Ceceña y Motto, 2005).
El mosaico político de la región es variado y complejo. Los países que se han unido a la Alianza del Pacífico claramente funcionan como aliados de Estados Unidos, reciben beneficios bajo la forma de ayuda y en el caso de Colombia cumplen parte de las funciones que antes eran asumidas directamente por personal estadounidense.
Al respecto, es interesante revisar el informe preparado por Latin America working group education fund, Center for international policy (CIP) y WOLA, para el Congreso de Estados Unidos, en el que se afirma que Colombia ha sido el principal receptor de asistencia policiaco militar durante los últimos 20 años (excepto uno) (Isacson, 2014: 22). El informe cita una noticia en la página del Departamento de Defensa (abril 2012) en que se afirma que Colombia proporciona a su vez asistencia en capacitación y entrenamiento en 16 países de la región y de fuera de ella, incluyendo a África. El Ministro colombiano de Defensa, por su parte, aclaró al Miami Herald que las fuerzas colombianas han entrenado más de 13 mil hombres de 40 diferentes países entre 2005 y octubre 2012. (Isacson, 2014: 22)
…los gobiernos de Estados Unidos y Colombia llevan adelante un “Plan de Acción en Cooperación Regional de Seguridad” a través del cuál intentan coordinar la ayuda a los terceros países. (Isacson, 2014: 22. Traducción AEC)
El caso de Perú es relevante, sobre todo en los últimos años en que ha acogido ejercicios militares en los que se admite personal estadounidense en enormes contingentes, de mil efectivos en 2008, por ejemplo, sin especificar sus funciones y por periodos que alcanzan los seis meses (Congreso de la República del Perú, 2008). Declaraciones de Leon Panetta, Secretario de Defensa de Estados Unidos en su visita a Lima en octubre de 2012 insisten en que Estados Unidos está listo para trabajar conjuntamente con Perú en planificación, intercambio de información y en desarrollar una cooperación trilateral con Perú y Colombia con respecto a los problemas comunes de seguridad (Isacson, 2014: 24), recuperando la idea original de inclusión de Perú en el Plan Colombia.
El equilibrio entre las diferentes posiciones ha permitido hacer funcionar organismos como UNASUR, importantísimos para fortalecer la independencia regional pero con las posiciones más encontradas en su interior. Baste recordar la emblemática reunión de Bariloche, justo después de que Colombia acordó la instalación de siete nuevas bases militares estadounidenses en su territorio, en que varios de los integrantes, con Venezuela a la cabeza, intentaron inútilmente echar atrás el acuerdo.
El equilibrio geopolítico de la región, en permanente definición, es exactamente eso, un equilibrio.
El Plan México
En 2005 se firma el primer acuerdo de seguridad subregional del Continente, nuevamente tomando al área de América del Norte como punto de arranque de lo que hoy ya se ha extendido por toda el área del Gran Caribe. El Acuerdo de Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN) es un texto corto casi equivalente a una carta de intención, pero sirvió de marco al lanzamiento de la Iniciativa Mérida (2008), que después se replicaría en la Iniciativa de Seguridad Regional de Centro América (CARSI) en 2008 y en la Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe (CBSI) en 2010.
El monto de la ayuda de Estados Unidos a Latinoamérica y el Caribe en el campo policiaco militar se incrementó notablemente al sumar lo destinado a Colombia y México en este periodo. En 2013 Colombia recibió por este rubro 279 millones de dólares, que fue el monto más bajo desde el 2000 en que inició el Plan Colombia; aun con este descenso Colombia sigue siendo el primer destino de los recursos, ahora seguido por México, que en 2013 recibió 154 millones. Las estimaciones que se tiene para el CARSI en el periodo 2008-2014 ascienden a 665 millones (Isacson, 2014), en gran medida justificados por lo destinado a Honduras, donde realmente parece estarse montando un mega centro de operaciones mucho más ambicioso que lo que hasta ahora se tenía con la base de Soto Cano, y con lo destinado para Guatemala, particularmente destinado a las operaciones y fuerzas de seguridad fronteriza con México.
Actualmente la DEA tiene más efectivos en México que en cualquier otro de sus puestos foráneos, según el informe citado, además de los efectivos de la CIA que cuenta con todo un centro de operaciones, evidentemente ilegal pero a plena vista, en la Ciudad de México. El bombardeo de la región de Sucumbíos, en Ecuador, en 2008, habida cuenta del involucramiento, todo indica que deliberado para ajustar con el plan general, de varios jóvenes mexicanos que fueron conducidos al cuartel de paz de las FARC en esa localidad, sirvió de justificación para echar a andar un fuerte operativo “antiterrorista” en México, que se combinó con la “guerra contra el narco” desatada por Felipe Calderón desde 2007. Eran los inicios del Plan México, conocido como Iniciativa Mérida.
De manera muy similar a lo ocurrido en Colombia, México ha sido abatido por una ráfaga de violencia que ya dura una década, durante la cual se han destruido los tejidos comunitarios, se ha introducido una cultura de miedo y de soledad en la que se buscan pertenencias inmediatas perdiendo los rastros de las historias largas. Los referentes colectivos de identidad nacional han sido paulatinamente sustituidos por los de pandillas o grupos ya sea de autodefensa o de ataque, que se convierten en el único territorio confiable aunque evidentemente no seguro.
Lo sorprendente es la rapidez con la que el país se militarizó y empezó a acostumbrarse a la presencia extranjera vinculada a los cuerpos de seguridad o de cumplimiento de la ley, con reclamos de rechazo, en muchos de los casos, pero con respuestas cínicas e indolentes por parte del estado. Desde personal del FBI instalado en los retenes de migración del aeropuerto de la Ciudad de México, hasta detenciones realizadas por personal extranjero en suelo nacional. Todo, por supuesto, justificado por el combate al narcotráfico.
El ejército se ocupa de asuntos de seguridad interna y ha sido señalado por su complicidad con el llamado crimen organizado, tanto como las policías. El Estado está lejos de ser el único que ejerce la violencia. Hay también lo que podría denominarse las milicias del crimen organizado, no sólo ligado al narco sino a otras actividades ilícitas, generalmente muy violentas, y también servicios privados de seguridad y paramilitares.
Siempre señalado como uno de los países de América Latina ejemplares por no haber pasado por dictaduras militares, como muchos de los otros, y por mantener una política de respeto a la autodeterminación de los pueblos y las naciones y de no injerencia, lo que implica no participar de actividades militares en el extranjero; hoy se ha incorporado a los ejercicios conjuntos, se ha involucrado con decisiones de intervención en otros países a través de la ONU y, sin dictadura militar interna, ha rebasado con mucho los saldos de las dictaduras del Cono Sur: en la Primera Reunión Trilateral de Ministros de Defensa de Norteamérica Leon Panetta, Secretario de Defensa de Estados Unidos, aseguró que el número de muertos en la guerra contra el narcotráfico en México ascendía a 150 mil, dato que fue después desmentido por la Secretaría de la Defensa de México sin ofrecer ningún dato alternativo; el Instituto de Geografía, Estadística e Informática (INEGI) registra 94 mil 249 asesinatos violentos entre 2006 y 2011 solamente y organizaciones de la sociedad civil manejan una cifra de 100 mil. En estos casos los cálculos son sumamente complicados pero hay coincidencia de las diversas fuentes en la cifra de 100 mil muertos y 25 mil desaparecidos, mientras los desplazados se calculan entre 780 mil y 1 millón 648 mil.
Los compromisos militares de México con Estados Unidos han sido crecientes. Bajo el auspicio del Comando Norte se brinda entrenamiento, capacitación y asesoría a los mexicanos, que han seguido puntualmente las indicaciones de política de seguridad de Estados Unidos, que han demostrado ser catastróficas para el país, aunque quizá no tanto para los intereses e injerencia de Estados Unidos ya que después de una década sangrienta se está finalmente llegando a la apertura del sector energético, tan buscada por la potencia del norte.
A tal punto llega el compromiso de México con Estados Unidos que se ha permitido la presencia de efectivos de seguridad estadounidenses en territorio mexicano, armados y con capacidad para ejercer, así como el sobrevuelo de aviones militares estadounidenses en el espacio aéreo mexicano, notablemente los vehículos no tripulados o drones, desde 2009.
El eslabón hondureño
El golpe de estado en Honduras en 2009 no sólo permitió detener el avance de integraciones como la de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) sino que, como en los años 1980s, volvió a colocar a Honduras como epicentro de las actividades estadounidenses en la región centroamericana.
Honduras alberga en su territorio una de las sedes foráneas del Comando Sur en Palmerola, en la emblemática base Soto Cano que, a juzgar por los recursos movilizados hacia este país, parece estarse extendiendo para convertirse en un mega centro regional, como ya mencionamos. Los movimientos hondureños han insistido en denunciar la presencia de efectivos estadounidenses no sólo en Soto Cano sino en otras regiones donde presumiblemente están localizándose posibles nuevas bases. Nosotros tenemos registro de otras dos en la costa del Caribe y el informe Time to listen, que contiene los datos públicos más recientes sobre presupuesto y actividades de las políticas de control del narcotráfico, habla de cuatro más (Guanaja, Mocorón, El Aguacate y Puerto Castilla) que hubieran sido financiadas por Estados Unidos., así como de una transferencia de 1,388 mil millones de dólares en equipo electrónico de uso exclusivamente militar, parte del cual es expresamente para uso del propio personal estadounidense en Honduras. Se tendrá ahí posiblemente uno de los mayores centros de información y telecomunicaciones del Continente.
No hace falta señalar la importancia geoestratégica de Honduras, en el centro de América Central, con salida al Pacífico y al Caribe. Honduras, después del golpe, se convirtió en el eslabón centroamericano del corredor militarizado que va desde Colombia hasta México, tocando frontera con Estados Unidos y cubriendo el canal de Panamá. El punto de descanso que representa Honduras en esta perspectiva ha justificado los recursos y políticas especiales para el país.
El brazo sur del Plan Colombia
La extensión del corredor militarizado hacia el sur traza una línea directa con Perú, desde el inicio el integrante menor del Plan Colombia y hacia Paraguay, centro de operaciones de las fuerzas estadounidenses durante buena parte del siglo XX.
Cabe destacar que el trazo geográfico de este corredor ha tenido dificultades para saltar hacia el Atlántico, zona que se destaca por los yacimientos petrolíferos de Brasil. El paso hacia el Atlántico se ha buscado con la movilización de la IV Flota, con algunos intentos fallidos de bases militares (Alcántara en Brasil, por ejemplo) y con la posición privilegiada de la isla Ascención, donde se ha instalado un centro de información del más alto nivel, y que es una de las posiciones directamente relacionadas con el diseño estratégico que subyace al convenio de 2009 para la instalación de siete nuevas bases en Colombia, y que en realidad no se ha podido todavía consumar (mapa 3).
Con Perú el acercamiento se ha intensificado sustancialmente desde 2008 y con Paraguay los compromisos de capacitación brindados por los colombianos no se interrumpieron incluso con el gobierno de Fernando Lugo, pero hoy, después del golpe de estado parlamentario y el cambio de gobierno tienen perspectivas de intensificarse. Todavía durante el gobierno de Lugo se acordó con Estados Unidos la instalación de una base de operaciones y entrenamiento en la zona norte que se encuentra en pleno funcionamiento y donde los instructores, de acuerdo con lo pactado, serían estadounidenses., aunque sabemos que son también colombianos.
Las piezas jugadas de esta manera, cada una por su lado pero claramente articuladas en el diseño estratégico continental, han ido conformando una ruta segura que recorre América de norte a sur (mapa 4) y que permite tener condiciones de respuesta rápida para cualquier tipo de situación de riesgo. Las tropas estadounidenses y sus aliadas, que han entrenado juntas y mantienen protocolos similares cuando no idénticos, que han trabajado en simulacros de respuesta a contingencias variadas entre las que están también las sublevaciones, disturbios urbanos u otras del estilo, al tener una plataforma territorial tan extendida y adecuadamente equipada, están en buenas condiciones para intervenir con eficacia en caso necesario.
El giro tecnológico
Una de las importantes ventajas asimétricas con que cuenta Estados Unidos es tecnológica, tanto en el campo de la producción civil como, de manera superlativa, en lo militar. Comunicaciones militares, técnicas de encriptamiento, protocolos, armas, aviones, teledirección, teledetección, armas químicas y biológicas, tecnología nuclear y todas sus derivaciones e innovaciones. Con esta base se llevan a cabo la prevención y los trabajos de inteligencia que evitarían las guerras porque desactivarían o destruirían a los potenciales enemigos antes de que pudieran convertirse en una amenaza real. Así también concurren en la aplicación de fuerzas sobredimensionadas en operaciones de conmoción y pavor y otorgan una ventaja material y logística en cualquier tipo de incursiones.
El elemento más novedoso, aunque no necesariamente el más decisivo, es el miniavión no tripulado, comúnmente denominado dron. Los drones han sido utilizados ya desde hace tiempo por Estados Unidos en operaciones especiales tanto de monitoreo y detección como de ataque. Su ligereza, imperceptibilidad y relativo bajo costo los convierte en una herramienta con tendencia a masificarse pero además en un negocio jugoso. Israel es ya productor y exportador de esta tecnología, Brasil está comprándole el know how para iniciar su producción localmente y podría pensarse que los drones dejan de ser un elemento de ventaja por su multiplicación. No obstante, lo importante son las funciones que pueden cumplir los avioncitos y eso depende de su contenido. Los equipos de detección tienen posibilidades múltiples. Los equipos miniaturizados de ataque son exclusivos del Pentágono, por el momento y en la miniaturización parecen también tener una distancia relevante con el resto de los escasos productores.
Los drones abaratan la guerra y contribuyen a ir aligerando la huella militar sobre los territorios. Las bases de lanzamiento que requieren son tamaño micro y eso permitiría hacer más invisible la situación de guerra generalizada en que inevitablemente ha desembocado el capitalismo.
El equilibrio latinoamericano caribeño y sus derivas
Si bien los escenarios de guerra del Medio Oriente, tan complejos y explosivos, son los que ocupan la atención en los medios, la batalla interna que se libra en América es sumamente intensa e indudablemente decisiva. Tiene la virtud de haber abierto rutas de pensamiento y construcción de modalidades de organización social no sólo confrontativas sino distintas, y por tanto alternativas, a las que ofrece el capitalismo. El paso hacia el no-capitalismo, con cualquiera de las denominaciones que se le den, tiene todos los obstáculos y es y será objeto de todas las presiones, amenazas y ataques. Operativos de desestabilización de todos tipos, intervenciones directas, intentos de golpes de estado, masacres de poblaciones disidentes o insurrectas, imposición de políticas y normativas, bloqueos, conflictos fronterizos y muchos otros dispositivos de contrainsurgencia, entendida en el sentido amplio del término.
Todo eso hará el camino difícil y tardado, pero no imposible.
Es ahí donde Mariátegui vuelve a sonar con fuerza. Ni calco, ni copia. No se puede derrotar a la guerra con guerra sino con la construcción de un mundo de paz, dignidad y respeto. Y esa es la ruta que se abre paso, con vertientes diversas, en América Latina y el Caribe. Por eso la ofensiva no dejará de intensificarse.
Bibliografía citada
Barnett, Thomas 2004 The Pentagon’s new map. War and peace in the twenty-first century ( New York : G.P. Putnam’s Sons )
Ceceña, Ana Esther 2001 “La territorialidad de la dominación. Estados Unidos y América Latina” en Chiapas 12 (México: ERA-Instituto de Investigaciones Económicas)
Ceceña, Ana Esther 2006 “Los paradigmas de la militarización en América Latina” en Pensamiento y acción por el socialismo. Rosa Luxemburgo. América Latina en el Siglo XXI (Buenos Aires: FISyP-FRL, http:// http://www.geopolitica.ws/leer.php/30).
Ceceña, Ana Esther 2011 “Los peligros de la militarización en América Latina”, en La Jiribilla, Año X, 19 de julio, (La Habana).
Ceceña, Ana Esther y Motto, Carlos 2005 Paraguay: eje de la dominación del Cono Sur (Buenos Aires: Observatorio Latinoamericano de Geopolítica)
Ceceña, Ana Esther, Aguilar, Paula y Motto, Carlos 2007 Territorialidad de la dominación. Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana(Buenos Aires: Observatorio Latinoamericano de Geopolítica)
Ceceña, Ana Esther, Barrios, David, Yedra, Rodrigo e Inclán, Daniel 2010 El Gran Caribe. Umbral de la geopolítica mundial (Quito: FEDAEPS).
Ceceña, Ana Esther, Yedra, Rodrigo y Barrios, David 2009 El águila despliega sus alas de nuevo. Un Continente bajo amenaza (Quito: FEDAEPS).
Cohen, William 1998 Annual report to the President and the Congress. ( U. S. Department of Defense )
Congreso de la República del Perú 2008 Diario de los Debates, Segunda Legislatura Ordinaria de 2007 – Tomo 2, 21 de mayo (http://www2.congreso.gob.pe/sicr/diariodebates/Publicad.nsf/SesionesPleno/05256D6E0073DFE90525745000747C78/$FILE/SLO-2007-2S.pdf)
Isacson, Adam; Haugaard, Lisa; Poe, Abigail; Kinosian, Sarah y Withers, George 2014 Time to listen: trends in U.S. security assistence to Latin America and the Caribbean (USA: Latin America working group education fund, Center for international policy (CIP), WOLA)
Joint Chiefs of the Staff 1998 Joint vision 2010 (US governmet)
Joint Chiefs of the Staff 2000 Joint vision 2020 (US governmet)
Artículo publicado en Patria, nº 1, diciembre 2013 (Ecuador: Ministerio de Defensa Nacional).

Notas
Ana Esther Ceceña es Directora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, Instituto de Investigaciones Económicas y profesora en el Posgrado de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigación realizada dentro del proyecto Territorialidad, modos de vida y bifurcación sistémica (IN301012). anae@unam.mx
[1] La presencia de la USAID ha sido fuertemente cuestionada. Ecuador ha resuelto a inicios de mayo 2014 cortar toda relación con esta agencia, por considerarla injerencista y dañina para la estabilidad y soberanía nacional.
[2] Ceceña, Ana Esther 2014 “La dominación de espectro completo sobre América” en Patria (Ecuador: Ministerio de Defensa), con información de Isacson, Adam et al 2014 Time to listen: trends in U.S. security assistence to Latin America and the Caribbean (USA: Latin America working group education fund, CIP, WOLA).
[3] Los cinco Comandos que se reparten el mundo son: Central Command, European Command, Northern Command, Pacific Command, Southern Command.
[4] Actualmente los Comandos de Combate son nueve, de los cuales los tres últimos son transversales, a saber: African Command, Central Command, European Command, Northern Command, Pacific Command, Southern Command, Special Operations Command, Strategic Command y Transportations Command. (DoD, 2014). No obstante, se perfila una nueva modificación que llevaría a dejar sólo 5 comandos geográficos, en alguna medida por razones presupuestales. (DoD, 2013).
[5] Es interesante revisar a este respecto la definición de la misión histórica de las fuerzas armadas de Estados Unidos, misma que en sus cinco objetivos fundamentales incluye los dos mencionados. (Cohen, 1998)
[6] Nuestra concepción de territorio no es geográfica o física sino histórico cultural. El territorio se hace en la interacción de los seres vivos con su medio, en la construcción del hábitat específico, que es por supuesto político.

SIONISMO Y MASONISMO EN LA FUNDACIÓN DE LA REPÚBLICA NORTEAMERICANA

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4 de julio de 1776, los delegados de los trece Estados de Nueva Inglaterra proclaman la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. De los trece firmantes del Acta de Independencia, nueve son francmasones (Ellery, Franklin, Hancock, Hewes, Hooper, Paine, Stockton, Walton y Whipple). Idéntica condición comparten nueve de los trece delegados que rubricaron los artículos de la nueva Confederación (Adams, Carroll, Dickinson, Ellery, Hancock, Harnett, Laurens, Roberdau y Bayard Smith), así como los trece firmantes de la Constitución estadounidense (Bedford, Blair, Brearley, Broom, Carroll, Dayton, Dickinson, Franklin, Gilman, King, McHenry, Paterson y Washington). La gran mayoría de los congresistas que ratifican entonces dichos acuerdos son igualmente miembros de la hermandad masónica, lo mismo que la práctica totalidad de los mandos del ejército republicano que combatió a las tropas realistas de la metrópoli inglesa.
La influencia de la francmasonería se hace patente desde el principio en todos los ámbitos del incipiente Estado, modelando sus componentes ideológicos y políticos e inspirando buena parte de su simbología.
Inmediatamente después de proclamar la Declaración de Independencia, el Congreso reunido en Filadelfia adopta una resolución encargando a John Adams, Benjamín Franklin y Thomas Jefferson la confección del sello oficial del nuevo Estado. A tal efecto, cada uno de los tres miembros del comité sugere un diseño para el sello de la Unión. Jefferson propone una imagen que representa al pueblo de Israel marchando hacia la Tierra Prometida. Franklin proyecta una alegoría en la que aparece Moisés conduciendo a los israelitas a través del Mar Rojo. John Adams, por su parte, se inclina por un tema de la mitología griega que representaba a Hércules. A estas primeras propuestas se les van añadiendo las de sucesivos comités hasta que, finalmente, es aprobado el diseño definitivo propuesto por el secretario del Congreso Charles Thomson, maestre de una logia masónica de Filadelfia dirigida por Benjamín Franklin.
El reverso de dicho sello no es sino una transcripción de la simbología iluminista. En su parte central figura una pirámide truncada de trece escalones, el último de los cuales contiene una fecha escrita en caracteres romanos: MDCCLXXVI, esto es, 1776. Coronando la cima de la pirámide aparece un triángulo radiante con un ojo en su interior. Tal ideograma era el símbolo de los Illuminati de Baviera, y el que figuró en las portadas de los textos jacobinos más radicales durante la Revolución Francesa. El reverso del Gran Sello incluye también dos leyendas, una en su parte superior, circundando el triángulo, que reza “Annuit Coeptis”, y otra en su parte inferior, que circunda la base de la pirámide y dice “Novus Ordo Seclorum”.
Los trece escalones de la pirámide representan a los trece Estados firmantes de la Declaración de Independencia. La leyenda “Annuit Coeptis” se traduce como “(él) ha favorecido nuestra empresa”, refiriéndose al ojo encerrado en el triángulo, que representa a una fuerza providencial cuya naturaleza será mejor dejar para otra ocasión. Esta consigna refleja fielmente esa especie de mesianismo pseudorreligioso que impregna desde sus comienzos la idiosincrasia nacional estadounidense. No será necesario extenderse aquí sobre las pretensiones “salvíficas” de ese país, pretensiones que se vienen manifestando como una constante prácticamente desde su nacimiento. De ahí los innumerables atropellos “libertadores” cometidos por tan emérita nación sobre sus vecinos continentales del sur, por no hablar de los perpetrados contra los nativos amerindios, y de ahí sus ínfulas contemporáneas que le llevan a erigirse en faro de la humanidad, pese a tratarse una de las sociedades en las que con mayor virulencia se manifiestan todas las lacras de la patología occidental. Aunque justo es reconocer que también se trata de uno de los pocos países, por no decir el único, en el que aún subsiste una prensa independiente digna de ese nombre, minoritaria y arrinconada, naturalmente. Entendiendo por prensa independiente, claro está, aquélla que desenmascara al Sistema en su conjunto, y no la que practica la nauseabunda farsa de censurar las irregularidades de alguna de las facciones políticas que lo componen, santificando simultáneamente al Sistema que está por encima de todas ellas.
En cuanto a la otra frase del sello, “Novus Ordo Seclorum”, su traducción correspondiente vendría a ser “El Nuevo Orden de los Siglos” o “El Nuevo Orden de las Eras”. Como podrá apreciarse, las referencias a un Nuevo Orden y a una Nueva Era, tan recurrentes a todo lo largo de la época moderna, no son nada nuevas. Esta frase, tomada del filósofo romano Virgilio, es interpretada en su sentido más superficial como una equiparación del nuevo Estado norteamericano con la antigua Roma Imperial. Pero en la simbología iluminista la leyenda en cuestión no se refiere a nada de eso, sino a la “Nueva Era de Acuario” (otro concepto muy en boga hoy), que habrá de suceder a la Era de Piscis o Era Cristiana. Con arreglo a dicha simbología, la fecha que figura en el Gran Sello norteamericano, 1776, que es la fecha en la que tiene lugar tanto la Declaración de Independencia como la fundación de la Orden de los Iluminados, marca el inicio de un período de 250 años durante el cual deberá consumarse la transición de la Era de Piscis a la de Acuario. Y en esa transición, tal y como lo piensan los diseñadores del Sello, los Estados Unidos desempeñarán un papel determinante.
Un buen colofón de todo lo apuntado hasta aquí podría ser la carta que el propio George Washington le escribe en 1798 al pastor protestante G.W. Snyder, y en la que se expresa en estos términos:“Yo no tenía la intención de poner en duda que la doctrina de los Iluminados y los principios del jacobinismo se habían extendido en los Estados Unidos. Al contrario, nadie está más convencido de ello que yo. La idea que yo querría exponeros era que yo no creía que las logias de nuestro país hayan buscado, en tanto que asociaciones, propagar las diabólicas doctrinas de los primeros y los perniciosos principios de los segundos, si es que es posible separarlos. Que las individualidades lo hayan hecho, o que el fundador o los intermediarios empleados para crear las sociedades democráticas en los Estados Unidos hayan tenido ese proyecto, es demasiado evidente para permitir la duda”.
Como culminación del proceso, en 1945 otro hermano francmasón, el presidente Franklin Delano Roosevelt, ordena que el reverso del Gran Sello norteamericano se imprime en la cara posterior del billete de dólar, sin duda el lugar más idóneo. Todo un símbolo de la religión humanista del poder y del dinero que impera en la actualidad y que tiene sus centros de culto en la Sala de Oración del Capitolio, en el Templo del Entendimiento de Washington y en el Salón de Meditaciones de la ONU.
Desde el primer presidente de la nación, George Washington, iniciado en la logia Fredicksburg nº 4 de Virginia, y con el tiempo Gran Maestre de la logia Alejandría nº 22, quince han sido sus sucesores en la suprema magistratura de los Estados Unidos que han vestido el mandil francmasón:
James Monroe, presidente de 1817 a 1824. Maestre de la logia Williamburg nº 6 de Virginia.
Andrew Jackson, presidente de 1829 a 1836. Gran Maestre de la logia Harmony nº1 de Nashville (Tenessee).
James Knox Polk, presidente de 1845 a 1849. Maestre de la logia Columbia nº 31 de Tenessee. James Buchanan, presidente de 1857 a 1861. Maestre de la logia nº 43 de Lancaster (Pensilvania).
Andrew Johnson, presidente de 1865 a 1868. Grado 33 del rito escocés.
James Garfield, presidente en 1881. Grado 14 en la logia Mithras de Washington.
William McKinley, presidente de 1897 a 1901. Caballero del Templo en la logia Canton nº 60 de Ohio.
Theodore Roosevelt, presidente de 1901 a 1909. Maestre en la logia Matinecock nº 806, de Oyster Bay (Nueva York).
William Howard Taft, presidente de 1909 a 1913. Gran Maestre de la masonería de Ohio.
Warren G. Harding, presidente de 1921 a 1923. Grado 33 en la fraternidad nº 26 de Ohio.
Franklin Delano Roosevelt, presidente de 1933 a 1945. Grado 32 del rito escocés.
Harry S. Truman, presidente de 1945 a 1953. Gran Maestre de la masonería de Missouri y, posteriormente, grado 33, el máximo de la organización.
Lyndon B. Johnson, presidente de 1963 a 1969. Iniciado en la masonería de Tejas.
Gerald Ford, presidente de 1974 a 1977. Miembro de la logia Columbia nº 3 de Washington e Inspector General Honorario del grado 33.
Y George Bush, grado 33 del Supremo Consejo, además de Gran Carnicero de Panamá y Gran Devastador de Irak, aunque este tipo de títulos no suelan ser reconocidos oficialmente por la filantropía francmasónica.
Esto no es más que una muestra de la presencia de la francmasonería en la vida pública estadounidense, ya que la nómina de todos los adeptos pertenecientes a las altas esferas económicas, políticas y sociales sería, por su extensión, imposible de reproducir aquí.
Junto a las logias adscritas al rito escocés, es decir, a las Constituciones de Anderson, y en estrecha relación con las mismas, opera en los Estados Unidos otra masonería con identidad propia agrupada en torno a la Logia B’naï B’rith y reservada exclusivamente a los ciudadanos de origen judío. Esta entidad, cuyo peso e influencia en las altas esferas del Poder serán analizados más adelante, cuenta con ramificaciones distribuidas por 47 países, y el número de sus afiliados supera la cifra de 600.000. De cualquier modo, el hecho de pertenecer a la Logia B’naï B’rith no impide la militancia de sus miembros en otras logias de la masonería regular, cosa, por lo demás, harto frecuente, si bien el flujo en sentido inverso no es posible.
Por otro lado, el papel desempeñado por los francmasones judíos en la fundación y desarrollo de la masonería norteamericana es, desde los mismos inicios de ésta, más que notable.Y nada mejor para constatarlo que acudir a la valoración efectuada sobre ese particular por la publicación Jurisdiction Sud, boletín oficial del rito escocés reservado a los adeptos, en cuyo número correspondiente a marzo de 1990, el francmasón de grado 32 Paul M.Bessel escribe lo siguiente:
“Los judíos han estado activamente vinculados a los inicios de la francmasonería en los Estados Unidos. Numerosos detalles prueban, en efecto, que ellos estuvieron entre los fundadores de la francmasonería en siete de los trece Estados primitivos: Rhode Island, New York, Pennsylvania, Mayland, Georgia, Carolina del Sur y Virginia”. (…)
“Un francmasón judío, de nombre Moisés Michael Hays, fue el primero que introdujo el rito masónico escocés en los Estados Unidos. Fue igualmente Inspector General delegado para la francmasonería de América del Norte en 1768, y Gran Maestre del Estado de Massachussets de 1788 a 1792″. (…)
“Los francmasones judíos jugaron un papel importante en el curso de la Revolución Americana: 24 de ellos fueron oficiales del ejército de George Washington, y otros muchos ayudaron con su dinero a la causa americana. Hayim Salomon, un masón de Filadelfia que, junto con otros, contribuyó a la colecta de fondos destinados a sostener el esfuerzo de guerra americano, también prestó dinero a Jefferson, Madison y Lee”. (…)
“Se dispone de pruebas de que numerosos judíos, rabinos incluidos, permanecieron vinculados al movimiento francmasón americano a todo lo largo de la historia de los Estados Unidos. Ha habido al menos una cincuentena de Grandes Maestres judíos americanos. Hoy, numerosos judíos son activos francmasones en los Estados Unidos, así como en otros países. A título indicativo, el Estado de Israel cuenta con unas sesenta logias que comprenden un total de casi trece mil miembros. Sin hablar de los afiliados a la logia B’naï B’rith”.
Tiempo antes, el Masonic Service Association of the United States había incluido en su publicación confidencial “Short Talk Bulletin” (vol. XLV, nº3) una lista de los Grandes Maestres judíos de la francmasonería estadounidense.
Por lo demás, la relación existente en el ámbito francmasónico no es más que un reflejo de la estrecha vinculación que, a todos los niveles, se ha dado siempre entre el protestantismo norteamericano y el universo judío. Vinculación que no sólo se manifiesta en los altos círculos sociales de ese país, donde la trabazón entre la oligarquía protestante y la plutocracia judía ha sido y sigue siendo íntima, sino también en la esfera ideológico-religiosa del fundamentalismo anglosajón. Es, por lo tanto, una solemne patraña, o si se prefiere, pura intoxicación, la idea que, desde los medios voceros del capitalismo progresista, atribuye al fundamentalismo protestante norteamericano un contenido antijudaico (como muestra perfecta de dicha intoxicación léase un artículo aparecido en el rotativo El Mundo el 29-4-95 bajo el título “Del Mayflower a Forrest Gump”). Intoxicación que, como se habrá podido comprobar, arreció con ocasión del atentado de Oklahoma, un suceso a partir del cual los manipuladores de costumbre han pretendido extender al conservadurismo protestante en su conjunto los planteamientos de los supuestos autores del delito, individuos pertenecientes a unos círculos ideológicos marginales y absolutamente minoritarios en aquel país. Baste decir a este respecto que los militantes de tales grupúsculos ultras no superan en los Estados Unidos la cifra de unas cuantas docenas, cantidad a todas luces irrisoria en un territorio habitado por doscientos cincuenta millones de personas, y en el que cualquiera de las aberraciones y extravagancias que lo recorren cuenta con millares de adeptos. A título de anécdota grotesca, tampoco será ocioso recordar la intervención del presidente Clinton, que se dirigió a los niños norteamericanos que vieron las escenas de la catástrofe por televisión para mitigar el impacto traumático de tales imágenes y recordarles que “las personas mayores son buenas”. Como si los niños norteamericanos no estuviesen hasta las criadillas de ver violencias y carnicerías de toda índole en la televisión de su país.
Lo cierto, pues, con arreglo a los hechos, y la auténtica realidad es que los sectores más conservadores del republicanismo estadounidense simpatizan con la causa sionista con el mismo entusiasmo que lo hacen los progresistas del partido demócrata. Y tal cosa ha sido así desde los mismos comienzos de esa nación.
El fundamentalismo norteamericano moderno hunde sus raíces en los puritanos pilgrims que arribaron a las costas de Nueva Inglaterra a principios del siglo XVII. Ahítos de Biblia e imbuidos de una especie de fanatismo mesiánico, los tripulantes del Mayflower y del Arbella se consideraban a sí mismos los elegidos de Dios, un concepto que, por aberrante que a la luz de los hechos pueda parecer, ha estado siempre presente en el protestantismo estadounidense.
Concepciones similares a aquéllas fueron reproducidas después por “teólogos” más cercanos en el tiempo, entre los que cabría citar a John Wilson, un frenólogo londinense que en 1840 publica un libro titulado “Our Israelitisch Origin”, donde se establecen las bases “históricas” y “científicas” del mesianismo anglosajón. Según el citado autor, a raíz de las invasiones asirias un contingente del pueblo judío marchó al exilio. Con el transcurso del tiempo esos judíos exiliados se convirtieron en los escitas, que, a su vez, eran los antepasados de los sajones. Una vez establecida semejante cadena genealógica, y tras afirmar que la palabra “sajón” significa “hijo de Israel”, el tal Wilson concluye finalmente que los ingleses son descendientes por línea directa de la tribu judía de Efraín.
Como será fácil de suponer, Wilson no está sólo en esa labor de búsqueda “científica”. Muy pronto sus fantasmagóricas pesquisas se ven secundadas e incluso sobrepasadas por otros lunáticos de parecido calibre. Uno de ellos es el reverendo Glover, que identifica al león británico con el león de Judá y, al igual que Wilson, afirma que los ingleses descienden de la tribu de Efraín, y los galeses y escoceses de la tribu de Manasés. Poco después aparece otro investigador similar, Edward Hine, quien en 1870 publica una obra donde se ratifican y amplían las conclusiones de sus predecesores (“The English nation identified with the lost house of Israel by twenty-seven identifications”). La primera edición de dicha obra está seguida cuatro años más tarde de una segunda edición revisada según la cual los anglosajones ya no están entroncados con varias de las antiguas tribus hebreas, sino con todas ellas.
Todo esto no pasaría de ser una anécdota si no fuera por el hecho de que tales dislates no sólo alcanzaron una considerable aceptación en su época, sino que todavía hoy se incluyen como conceptos básicos en los libros de texto del fundamentalismo protestante anglosajón.
Con el declive del Imperio Británico, semejantes lucubraciones mesiánicas, tan idóneas por otra parte para servir de soporte ideológico al expansionismo y a la dominación, se afincan en el nuevo centro de gravedad del mundo capitalista, donde encuentran un terreno abonado para su arraigo en las mistificaciones del protestantismo pilgrim.
No hará falta decir que el enemigo supremo está identificado durante años por el fundamentalismo norteamericano con la URSS. Pero ésa no es la única amenaza que se cierne sobre tan benemérita nación. Entre algunos sectores de los más adinerados e influyentes círculos del ultra-conservadurismo republicano, también está extendida la idea de que la Bestia de las Diez Diademas del Apocalipsis es la Comunidad Europea, integrada entonces por diez naciones. Aunque es de suponer que la posterior incorporación de nuevos países a la Comunidad dejará un tanto desconcertados a tan sagaces cabalistas, que a buen seguro están escudriñando con redoblada atención en el esoterismo numérico en busca de nuevas combinaciones que confirmen su tesis según la cual “la CE reducirá a la esclavitud a Gran Bretaña y a Norteamérica”.
Otro de los elementos recurrentes del fundamentalismo protestante es el célebre Harmagedón, una idea que reviste especial importancia entre amplios sectores de la oligarquía económica y política del conservadurismo estadounidense. Así, durante la campaña presidencial de 1980, y en el curso de una alocución pronunciada ante un grupo de dirigentes del lobby judío neoyorquino, Ronald Reagan se refiere a ese tema asegurando que “Israel es la única democracia estable en la que podemos confiar en la zona donde puede llegar el Harmagedón”. No será ocioso significar que uno de los mentores “espirituales” de Ronald Reagan es por entonces Jerry Falwell, destacado predicador fundamentalista y presidente de la llamada “Mayoría Moral” de los Estados Unidos, colectivo que tiempo después se integrará en la Liberty Federation. Por otra parte, las opiniones de Reagan son compartidas por varios altos cargos de la Administración, entre los cuales figuran James Watt, secretario de Interior, JamesWatkins, jefe de Operaciones Navales, John Vessey, jefe del Estado Mayor conjunto, y Caspar Weinberger, secretario de Defensa. Este último también se manifiesta sobre el particular durante una conferencia celebrada en la Universidad de Harvard, donde afirma que, por su condición de judío practicante, está familiarizado con los temas bíblicos, señalando su convicción de que la gran batalla del Harmagedón se libraría en la colina de Meggido, un pequeño promontorio situado a unos veinticinco kilómetros de la localidad israelita de Haifa.
Por lo demás, la importancia que los postulantes del Harmagedón otorgan al territorio israelí es algo común y reiterativo en esos ambientes ideológicos, importancia que, en cualquier caso, no tiene más fundamento que sus estrafalarias interpretaciones de ciertos pasajes bíblicos. Muy distinto, por el contrario, es el criterio sobre ese respecto de quienes han sabido valorar la verdadera relevancia estratégica de dicha zona basándose en elementos de juicio bastante más pragmáticos y realistas. Tal es el caso de Nahum Goldmann, fundador del Congreso Judío Mundial y, posteriormente, presidente de Israel, quien en el curso de la 7ª sesión plenaria del Congreso Judío Canadiense se refiere a ese tema en los siguientes términos: “El Medio Oriente, situado entre tres continentes, cruce de Europa, Asia y Africa, es probablemente la región estratégica más importante del mundo. (…) Recuerdo que el encargado de la administración del petróleo en Norteamérica durante la guerra, el señor Ickes, me manifestó que los informes de los expertos confirmaban la presencia de más petróleo en el Medio Oriente que en toda América del Norte y Central juntas, de diez a veinte veces más. Y ustedes saben lo que el petróleo significa para el mundo. Una vez que hayamos establecido un Estado judío en Palestina, todo estará a nuestro favor. (…) Palestina es hoy el centro de la estrategia política mundial, y los hombres de Estado que se ocupan ahora del sionismo piensan así. Querría que los sionistas lo comprendieran. No siempre lo que se sustenta en la justicia y la honradez es lo que cuenta en este mundo. Las naciones y los gobernantes del mundo determinan su actitud con arreglo a sus intereses realistas. Esas serán las consideraciones decisivas. Todos los aspectos humanitarios del problema palestino no serán, pues, decisivos, y nosotros debemos adaptar nuestra política a los aspectos realistas del asunto”.(Seventh Plenary Session, National Dominion Canadian Jewish Congress, May 31, 1947).
Para concluir este breve repaso relativo a las claves mentales propias del fundamentalismo protestante estadounidense, bueno será dedicar unas palabras a la Liberty Federation, auténtico núcleo ideológico de la antigua “Mayoría Moral” y del movimiento ultraconservador actualmente encabezado por Gingrich bajo el lema del Contrato con América. Dicha Federación mantiene una especie de índice de libros proscritos en el que, a juzgar por el puritanismo exacerbado del que hacen gala sus mentores, sólo sería previsible encontrar textos atentatorios contra la moral sexual, cosa que, por supuesto, no es así. Esa hipócrita obsesión por todo lo referente al sexo es simplemente la clásica y manida fachada conservadora, de la que tan buen partido suelen sacar sus “rivales” y equivalentes de la burguesía progresista, el otro bando del muladar, que aprovechan tal circunstancia para proponer a cambio su característico repertorio de esnobismos sórdidos y para intensificar sus campañas de disolución global. Pero el meollo fundamental de ese índice de lecturas malsanas no son los panfletos pornográficos, sino las obras que cuestionan el liderazgo político y militar de los Estados Unidos, las que se muestran críticas con el culto al dinero, las que desenmascaran la “ética” de las finanzas y de las sociedades anónimas, y las que ponen en solfa el sacrosanto “liberalismo” económico. Aunque todavía hay más. Entre los libros censurados figuran títulos como “1984″, de Orwel, y “Un Mundo Feliz”, de Huxley, dos retratos premonitorios del totalitarismo posmoderno. También aparece en la lista negra la obra de Solzhenitsin ”Un día en la vida de Iván Denisovich”, uno de los más preclaros alegatos que se hayan podido escribir contra la dictadura soviética.
De esta forma, con un paso hacia atrás de los fariseos piadosos, y dos hacia adelante de sus homólogos progresistas, se va avanzando el proceso.